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El combate de la Dama de Rangún

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El combate de la Dama de Rangún

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A sus 67 años, la infatigable defensora de los derechos humanos y de la democracia en Myanmar, hace campaña por su partido: la Liga Nacional para la Democracia.
La histórica opositora ha recorrido miles de kilómetros para presentar su programa a sus compatriotas a lo largo y ancho del país. Son elecciones que considera imperfectas pero necesarias.

Porque la mujer que ha pasado veinte años encerrada, en la cárcel o en arresto domiciliario, sabe que la antigua Birmania está en un momento crucial de su historia: la esperanza de cambio renace tras 24 años de dictadura de la Junta Militar.

Aung San Suu Kyi es la hija del general Aung San, padre de la independencia del país asesinado en el 47, cuando ella tenía sólo dos años.

Cuando parte a estudiar a Gran Bretaña tiene 19. Allí conoce a su marido, Michael Aris, con quién se casa en el 72. La pareja y sus dos hijos viven entre Bután y Londres.

Pero en 1988 vuelve a Birmania por razones familiares sin saber que no volvería a salir del país ni a ver a su marido.

La Junta acaba de asumir el poder, la calle pide reformas. Suu Kyi se lanza a la arena política y funda la LND. Las autoridades la detienen y le proponen la libertad a cambio del exilio, pero se niega.

Su partido gana las elecciones de 1990, pero la Junta anula los comicios provocando un seísmo internacional que le hace valedora del Nobel de la Paz.

Cinco años después, la Junta acepta liberarla, pero con presiones para que opte por el exilio. Separada de su marido y de sus hijos desde hacía cinco años, sabe que si sale del país no podrá volver. Y elige quedarse. En 1999, su marido muere de cáncer sólo y sus hijos siguen creciendo lejos de ella.

Detenida de nuevo en 2000, y liberada dos años más tarde, el 30 de mayo de 2003 el convoi en el que viajaba es atacado por un grupo paramilitar pagado por la Junta en el poder. Suu Kyi consigue escapar pero es detenida poco después. Vuelta al arresto domiciliario que pese a todas las presiones internacionales, no termina hasta siete años después.

Su destino excepcional ha inspirado la película “the lady”. Suu Kyi ha sacrificado todo a la defensa de su causa: la implantación de la democracia en su país, un sueño que tal vez, no llegue a ver nunca materializado.