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El embargo de los resultados electorales franceses, a debate

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El embargo de los resultados electorales franceses, a debate

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En la era de la información instantánea, ¿cómo se pueden evitar las filtraciones de resultados antes del cierre de los colegios electorales?

En Francia, se puede votar hasta las ocho de la tarde. Antes de esa hora, no se puede publicar ninguna estimación, ni sondeo. Y mucho menos, resultados parciales. Poco importa el soporte que se utilice.

La ley que lo impide data de 1977. Aunque para el portavoz de la Comisión Nacional de Control Electoral, la actual revolución tecnológica no justifica una reforma del texto.

“La ley prevé una sanción penal de hasta 75.000 euros de multa”, recuerda. “Y esta comisión no dudará en ir ante los tribunales penales si no se respetan las normas”.

Eso quiere decir que, teóricamente, el peso de la ley francesa puede caer sobre todo aquel que difunda cualquier dato antes de tiempo. Aunque en la práctica, la realidad es distinta.

“Es algo imposible de controlar”, sostiene el abogado Christophe Bigot. “Porque no se puede perseguir a un medio extranjero, ni sancionar un blog o una red social. Por dos razones principales: la primera es la multitud de soportes que existen hoy en día. Y la segunda es que en las redes sociales es muy fácil publicar datos de una manera anónima”.

Eso es lo que ocurre desde hace años en Bélgica, donde la mayor parte de los medios anuncian las estimaciones y los resultados de las elecciones francesas mucho antes de las ocho.

“En la era digital es imposible secuestrar la información”, se defiende Johanne Montay, editora jefe de la cadena Belga RTBF. “Ni siquiera dentro de las fronteras de un determinado país”.

Incluso los medios franceses, que están directamente concernidos, se plantean infringir la prohibición. Porque, según explica el director adjunto del diario Libération, el debate debe abrirse.

“Hemos pensado en quebrantar esa ley porque es muy discutible”, confiesa Sylvain Bourmeaux, director adjunto del periódico Libération. “Habría que analizarla en profundidad. Nos parece una ley totalmente inadaptada a la realidad, a la publicación y a la circulación de información”

En realidad, sólo un cuarto de los 85.000 colegios electorales franceses cierran a las ocho de la tarde. El resto, como éste, en un pequeño pueblo del interior, lo hace a las seis. Y sería materialmente imposible extender su horario. Entre otras cosas, por falta de recursos.