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El nuevo presidente serbio se enfrenta a la desconfianza de la Unión Europea

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El nuevo presidente serbio se enfrenta a la desconfianza de la Unión Europea

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Tomislav Nikolic se ha convertido en el inesperado presidente serbio al ganar por la mínima al favorito en las encuestas Boris Tadic. El que fuera viceprimer ministro con Slobodan Milosevic y ferviente ultranacionalista se enfrenta a los recelos que causa de cara a seguir el proceso serbio de país candidato a la adhesión a la Unión Europea.

En la calle, el daño que causa la corrupción está en la mente de todos: “Por encima de todo, el problema de la corrupción tiene que ser tratado a un nivel aceptable. Tenemos que mirar hacia Europa, eso es algo que no debemos cambiar por supuesto, porque no hay alternativa”.
Otro ciudadano explica en Belgrado: “Las elecciones demuestran que se ha producido el cambio, necesitamos una vida mejor, más trabajo, necesitamos mirar hacia Europa y también hacia Rusia”.

Ha asegurado que llevará una política de buena vecindad y cooperación con Kósovo y el resto de los países vecinos, donde su elección causa reservas por su pasado ultranacionalista. Pero en Kósovo, ex provincia autoproclamada independiente de Serbia, las opiniones son en general malas hacia el nuevo presidente serbio: “Esto es malo para Serbia que está en declive. La principal figura del radicalismo y del patrioterismo serbio es Nikilic”.

Nikolic fue expulsado hace cuatro año del Partido Radical Serbio, dirigido por el presunto criminal de guerra Vojislav Seselj. Su figura es aún vista con desconfianza en Europa en contraste con la del candiodato derrotado Boris Tadic.
Algunos analistas serbios consideran que la llegada de Nikolic a la jefatura del Estado no traerá cambios en la política europeísta y que el nuevo presidente optará por la continuidad y no detendrá el proceso de integración comunitaria de Serbia.

Tanto el Gobierno como el nuevo presidente se enfrentan al difícil reto de efectuar reformas que den más estabilidad a una economía en la que la tasa de desempleo alcanza el 24 por ciento y el descontento social ha aumentado por la crisis y el bajo nivel de vida.