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La violencia empaña la campaña para las presidenciales egipcias

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La violencia empaña la campaña para las presidenciales egipcias

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Poco después de la confirmación de que el islamista Mohamed Mursi y Ahmed Shafik se disputarán la presidencia en la segunda vuelta, un grupo de manifestantes asaltó y prendió fuego a las oficinas de Shafik, último jefe de Gobierno designado por Hosni Mubarak.

La posibilidad de que un Fulul, es decir, un representante del antiguo régimen vuelva al poder ha provocado manifestaciones espontáneas en la plaza Tahrir.

Muchos de los que participaron en la revolución aseguran ahora que los 18 días de manifestaciones, 864 muertos y cerca de siete mil heridos por una causa, el fin del régimen de Mubarak y el establecimiento de la democracia, no han servido para nada.

“Ninguna de las personas que están en la plaza ahora pertenecen a ningún partido político, señala este manifestante, pero queremos tener una buena imagen de nuestro país. No queremos que representantes del antiguo régimen reaparezcan en el paisaje político”

El próximo 11 de junio, la justicia egipcia se pronunciará sobre una ley para impedir que los pilares de la era Mubarak se presenten a las elecciones, pero a la espera del veredicto, uno de los dos candidatos en liza es el último primer ministro del expresidente.

“Queremos que se apruebe la ley que prohibe que los miembros del régimen de Mubarak se presenten a las presidenciales”

Ahmed Shafik sólo fue primer ministro tres meses, de enero de 2011 hasta la caída del régimen, pero antes fue ministro de la aviación civil y comandante del ejército, inadmisible para muchos egipcios, sobre todo para los militantes pro democracia laica, que contemplan incluso la posibilidad de votar por el candidato de los hermanos Musulmanes, en contra de todos sus valores, para impedir la vuelta del régimen contra el que tanto han luchado.

Otro dato importante es que la participación en estos comicios históricos ha sido especialmente baja: menos del 50% de la población acudió a las urnas en la primera vuelta. Y dada la falta de posibilidades que se presenta a los electores en la segunda, todo indica que la abstención será enorme.

Ahora más que nunca, muchos egipcios tienen la sensación de que les han robado su revolución. Pero resignarse no está entre sus planes:

“Dentro de uno o dos años, declara esta joven, haremos otra revolución. La gran revolución”