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Con la revolución industrial, el mundo occidental comenzó un proceso de uso intensivo de los recursos naturales para construir un bienestar que exige niveles alevados de consumo.

Sólo en las últimas dos décadas, la población urbana ha crecido un 45 por ciento, las emisiones de carbono han aumentado un 40 por ciento y la pérdida de biodiversidad se ha disparó en un 30 por ciento, según datos de Naciones Unidas.

Muchos de esos recursos naturales se encuentran en regiones donde la población no recibe los beneficios, como Asia, África y América Latina.
El desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza fueron los temas centrales ya en la primera Cumbre de la Tierra, en 1992, celebrada también en Río de Janeiro, Brasil.
Pero para organizaciones no gobernamentales como la Fundación Mundial para la Naturaleza, las cosas desde entonces no han ido a mejor.
Tony Long, de WWF Europa: “En este momento somos esclavos de los sistemas financieros y económicos. Son nuestros amos. En lugar de usar las finanzas y la economía para ayudarnos a alcanzar las metas de prosperidad y bienestar a largo plazo, somos víctimas pasivas del sistema financiero”
En la nueva conferencia de Río que arranca este miércoles se discutirá, durante dos días, sobre un concepto reciente: la economía verde, haciendo hincapié en las energías renovables y el reciclaje.
Pero ya hay quien apunta a que son pocas las esperanzas de que se consigan resultados concretos. Por ejemplo, desde el Observatorio Europeo de Corporaciones, que examina grupos de presión económica.
Martin Pigeon:
“La mayoría de las empresas en el mundo ya tienen un poder económico que está por encima de los estados. ¿Debemos dejar que hagan lo que quieran o no? ¿Debemos dejar que usen la naturaleza como una más de sus instalaciones solo porque necesitan más espacio para los mercados financieros o no? “
Economías emergentes como India y China, que representan alrededor de un tercio de la población mundial, quieren su parte del progreso pero se muestran reacios a dar el apoyo financiero que les pide Occidente para cambiar de modelo económico: entre 30 y 100 millones de dólares al año.