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La posición de Francia en la cumbre de la UE

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La posición de Francia en la cumbre de la UE

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El jueves y el viernes que vienen Europa celebrará una cumbre que nadie se atreve casi a calificar de nuevo como crucial. Pero lo que es seguro es que todo el mundo espera mucho de Francia. El nuevo presidente socialista Francois Holande llegará con un plan que se supone podrá devolver a Europa al camino del crecimiento. Algunos confían incluso en que salve el euro. Y queriendo imponer su receta anti-crisis, Francia espera también portegerse del riesgo de contagio, porque con el 5,2 por ciento de déficit, está lejos de considerarse el alumno más brillante de la eurozona. De todo ello hemos hablado con Daniel Gros, director del CEPS.

Francia: retos para superar la crisis
 
 Francia: un país con una situación geográfica envidiable, punto de encuentro de los principales flujos de la Europa Occidental, rodeado por las principales potencias de la UE.
 
 
Equipada con infraestructuras de calidad, es una nación moderna, eficaz, atractiva y con mano de obra cualificada. Pero también tiene sus talones de Aquiles.
 
 
El primero es la falta de competitividad. Su atractivo económico ha caído en picado y se sitúa ya por detrás de Gran Bretaña y Alemania.
 
En cuanto a las exportaciones, es el país de la zona euro que ha perdido más cuota de mercado en diez años.
 
 
La primera constatación es que el gasto público es el más elevado de Europa. el 54,3% del PIB en el periodo 2005-2010. 
La deuda pública rondó el 85,8% del PIB en 2011, una cifra récord. 
 
 
 
Desde hace una década, el endeudamiento se ha convertido en un modo de financiación. En realidad, la deuda es triple, y se reparte entre el Estado, las colectividades locales y las administraciones públicas, como la seguridad social, cuyo agujero podría alcanzar los 14 mil millones este año.
 
 
 
La desindustrialización ha sido especialmente rápida en Francia. Desde 2008, se han perdido 280.000 empleos, es decir, cerca del 9,5% de los activos.
 
 
 
 
La aportación de la industria al PIB ha retrocedido en un tercio; una evolución sin precedentes que lastra el conjunto de la economía. 
 
 
Además, los costes salariales son demasiado elevados: en cuestión de diez años han aumentado un 19%.
Un porcentaje parecido al de ciertos países de la zona euro con problemas, como Italia, Portugal y España.
 
En cuanto a los puntos positivos destaca su demografía, una de las más dinámicas de Europa.
La población francesa ha aumentado un 7,5% en 10 años.
 
Las francesas tienen un promedio de 2,01 hijos, mucho más que sus vecinas alemanas.  
 
Otro punto positivo es su productividad por hora, más bien elevada. Francia es la tercera en el ranking europeo, por detrás de Italia e Irlanda y por delante de Alemania.
 
Un puesto bueno, pero insuficiente para compensar el débil promedio de trabajo por habitante y precios relativamente elevados.
 
El objetivo de Francia es restablecer el equilibrio de las finanzas públicas y tomar medidas para reforzar su competitividad. Algo que pasa necesariamente por una reforma del mercado laboral.