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Francia y Argelia, heridas abiertas

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Francia y Argelia, heridas abiertas

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Escenas de júbilo en Argel. Casi 8 años después del inicio de una cruenta guerra, el 5 de julio de 1962, Argelia se independiza.

El general de Gaulle lo proclama dos meses y medio después de los Acuerdos de Evian que ponen fin oficialmente a lo que aún hoy se denonima “los acontecimientos de Argelia”. Las banderas y las consignas de exaltación patriótica llenan las calles.

La guerra empezó el 1 de noviembre de 1954. La rebelión estalla en la Cabilia y en el Aurés. Un grupo de independentistas argelinos se encuentran frente a un imponente despliegue francés. Se producen miles de muertes, y torturas escalofriantes. Francia se resiste a abandonar Argelia, símbolo de su poder colonial, con todos los medios a su alcance.

“Fue una de las guerras de descolonización más violentas”, explica el historiador Benjamin Stora, el gran experto en este conflicto, “Duró ocho años, se cobró cientos de miles de vidas entre los argelinos, y provocó el éxodo de un millón de “pieds-noirs”, y la masacre de los harkis, partidarios de la Argelia francesa”.

Los 450.000 soldados franceses se imponen a los 25.000 combatientes argelinos. La guerra está ganada pero no se ha restablecido el orden. En 1958, De Gaulle regresa al poder y en Argel pronuncia ante una enorme muchedumbre de colonos franceses su famoso y ambiguo discurso: “Os he entendido”.

Con amargura termina por reconocer, sólo unos años después, que no se puede conservar Argelia. Y apunta la posibilidad de la autodeterminación del pueblo argelino, lo que provoca la cólera de los franceses de Argelia. Pero a pesar de su oposición, el país africano pasa a ser independiente en 1962. Y 900.000 colonos se ven forzados a huir, temiendo por su vida: “La mayoría eran personas de clase muy modesta, funcionarios, artesanos, pequeños comerciantes. Cuando reciben este revés de la historia llegan a Francia en 1962 y hasta nuestros días viven con el recuerdo, con el resentimiento. Y son mucha gente. No hay en la historia un caso comparable”, afirma Stora.

Al conflicto le siguió la guerra por la memoria, todavía viva 50 años más tarde. Argelia soñaba con un futuro mejor, Francia prefirió enterrar el recuerdo y no volver la vista atrás. Pero las heridas continúan abiertas. Así lo relata Stora: “Pensábamos que así, gracias a la amnistía y a la amnesia, olvidaríamos todo aquello y que en el fondo, el tiempo lo borraría todo. Cosa que no ocurrió porque medio siglo después, el recuerdo de Argelia y de esa guerra, está más vivo que nunca”.

El nuevo embajador francés en Argel llamaba la semana pasada a unas relaciones bilaterales serenas y cálidas. Algo que no será posible, según veteranos argelinos del conflicto, que siguen esperando que París pida perdón.