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Srebrenica, el drama que nunca termina

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Srebrenica, el drama que nunca termina

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Han pasado 17 años desde la masacre de Srebrenica. Y nada, o casi nada, ha cambiado. Cada año aparecen nuevos cuerpos a los que hay que enterrar. Los cadáveres se transportan en camiones a hasta el cementerio de Potocari, un memorial para las víctimas de Srebrenica.

Sólo este año se le ha puesto nombre y cara a 520 nuevos cuerpos. Entre ellos, hay seis niños y cuatro mujeres. La más anciana tenía 94 años. Con los funerales de hoy, el número total de muertos enterrados en Srebrenica asciende a 5.657. Las familias de las vícitmas reviven el luto de todos estos años.

“He enterrado a mi hijo”, dice Mujo Music. “Tenía 26 años. Cuando Srebrenica cayó en manos serbias conseguimos huir por el bosque. Llegamos a Snagovo y un grupo de hombres empezó a disparar sobre nosotros. Eran serbios de Kula. Murieron ocho personas. Entre ellas, mi hijo. Su cuerpo quedó tendido en el campo. Sólo he encontrado dos huesos suyos. Mi mujer murió de pena. Ya no sé qué hacer”.

El drama nunca termina. Bajo tierra se ocultan todavía hoy osarios y fosas comunes que van saliendo a la luz con el tiempo. Las familias de las víctimas siguen buscando a sus seres queridos y la detención de los culpables, como el el general Ratko Mladic, no mitiga su dolor.

“Mladic no conoce el dolor de Bosnia ni el dolor de la región de Drina”, dice la madre de una víctima. “Deberían traerle aquí. Deberían juzgarle en esta tierra”.

“Espero que nunca más vuelva a ver a sus hijos”, añade otra mujer. “El mío nunca vio a su padre. Tras mucho tiempo, sólo encontramos cuatro huesos suyos. Eso es todo. Y ahora vamos a enterralos”.

El juicio contra Mladic se reanudó el lunes tomando declaración a los testigos. El acusado era el criminal de guerra más buscado por la Corte Penal Internacional. Pasó escondido 16 años.

Todos los testimonios y las pruebas le incriminan directamente en la masacre. Hoy tiene 70 años. Y escucha las acusaciones sin pestañear.

Sus seguidores, porque también los tiene, siguen negando lo que ocurrió. En Pale, antiguo feudo de los serbios de Bosnia, a sólo catorce kilómetros de Sarajevo, la realidad se observa con otro prisma.

“Nos da igual que esté detenido en La Haya”, dice una mujer. “Es un héroe serbio y siempre lo será”.

“Para nosotros, la figura de Mladic encarna la justicia y la supervivencia de un pueblo”, añade otro hombre. “Y en mi opinión, Serbia necesitá otro Ratko Mladic”.

Entre los que asisten a la ceremonia de hoy en Potocari se encuentra Arthur Schneier, superviviente del holocausto judío. Para él, conservar la memoria intacta es esencial.

“El precio que se paga por el silencio es muy alto”, dice el rabino Schneier. “Callarse y olvidar no soluciona nada. Hay que luchar contra la injusticia. No podemos cerrar los ojos y hacer como si nada hubiera ocurrido. Hay que escuchar los lamentos de quienes han sido oprimidos. Es algo necesario”, concluye.