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La masacre de Aurora hace aumentar la adicción a las armas en Estados Unidos

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La masacre de Aurora hace aumentar la adicción a las armas en Estados Unidos

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La masacre de Aurora en la que murieron el pasado viernes 12 personas y 58 resultaron heridas, es la enésima tragedia provocada por armas de fuego en Estados Unidos. Un tipo de violencia que provoca cada año en este país hasta 30.000 muertos, según el Centro de Políticas Contra la Violencia.

Paradójicamente, la masacre de Aurora impulsó la demanda de licencias de armas en el Estado de Colorado. En solo una semana, de 900 demandas se pasó a 1.200, según las autoridades. Brandon Baker, vendedor de armas, explica: “Al día siguiente cuando llegué a la tienda había al menos 15 personas esperando para entrar”.

El primer reflejo de uno de sus clientes fue “armarse”, explica: “Esa masacre me ha abierto los ojos sobre lo que ocurre realmente ahí fuera”.

El derecho de poseer armas está reconocido por la Segunda Enmienda a la Constitución estadounidense y está, además, muy arraigado en la sociedad.

Si en 1977, un 54% de los hogares del país tenían armas, en 2010 este porcentaje cayó hasta el 32%.

Un descenso engañoso ya que el número de armas en circulación se estima que sigue siendo de entre 200 y 300 millones en un país que tiene 314 millones de habitantes.

Menos poseedores de armas pero con más armas cada uno. Al igual que James Holmes que en su casa guardaba un veradero arsenal.

En el asalto llevaba dos pistolas de la marca Glock, un fusil Remington y una metralleta Smith & Wesson.

El drama no ha abierto un debate en la campaña electoral sobre las leyes para limitar la posesión de armas de fuego. En su visita a Aurora, el presidente Obama eludió el problema.

“Espero que en los próximos días, en las próximas semanas y en los próximos meses, reflexionaremos sobre cómo podemos hacer frente a esta violencia sin sentido que hace daño a todo el país”, dijo.

Su rival, el republicano Mit Romney, no esconde, sin embargo, su intención de hacerse con el voto de los más de cuatro millones de miembros de la Asociación Nacional del Rifle. Estas eran sus palabras en abril:

“Necesitamos un Presidente que defienda los derechos de los cazadores, de los deportistas y de aquellos que quieren proteger a sus familias. Obama no es ese Presidente, yo sí”.

Pero hacer que este tipo de tragedias sean menos frecuentes sin una legislación más restrictiva se asemeja más a una quimera que a un programa político.