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Libia, país arsenal

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Libia, país arsenal

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Ataques con explosivos a edificios oficiales y gubernamentales, secuestros, robos y asesinatos de miembros del antiguo régimen. La escalada de la violencia de los últimos días muestra un panorama preocupante de la Libia pos-Gadafi.

Con esta realidad tendrán que lidiar el recién elegido Congreso Nacional y el nuevo Ejecutivo, encargados de devolver al país una cierta estabilidad y seguridad.

El principal reto ahora es hacerse con el arsenal que sigue en manos de los civiles.

Armas y municiones de todo tipo aparecen en los lugares más insospechados como este hotel en Bengasi donde hace 10 días la policía encontró 10 kilos de explosivos. Días antes, los agentes dieron con 40 kilos de bombas caseras escondidas en el mismísimo cuartel general de la policía.

El Consejo Nacional de Transición no ha conseguido desarmar ni disolver a las milicias que combatieron contra el régimen de Gadafi. Esos mismos combatientes, armados hasta los dientes han ocupado el vacío dejado por el Ejército e imponen su propia ley en el país.

Muchos civiles se niegan a entregar sus arsenales, que van de pistolas a rifles pasando por granadas de mano, porque aseguran que aún son necesarias para su protección.

Además del riesgo de explosiones accidentales, la acumulación de armas en un país en crisis plantea otro problema: la venta ilegal. Sobre todo cuando la mercancía es tan accesible.

La Libia de después de Gadafi es un auténtico arsenal: hay armas escondidas en bunkers, en museos de la ciudad y en el campo, como se ve en estas imágenes. La situación, según señala un reciente informe, es preocupante.

De hecho, el tráfico de armas es ya un negocio florenciente en las fronteras libias con Túnez y Argelia.

La policía tunecina ha llegado a detener autobuses llenos de armas libias en su territorio.

Sobrepasadas por la amplitud del problema, las autoridades libias han pedido ayuda internacional para atajar este tipo de tráfico.