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La violencia sin fin en el Congo

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La violencia sin fin en el Congo

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Miles de personas se han visto obligadas a abandonar sus casas con motivo de la última rebelión que azota a la República Democrática del Congo.

La violencia se extiende en el este del país, donde las tropas gubernamentales y los cascos azules de la ONU intentan detener el avance de los rebeldes.

Desde el levantamiento del movimiento autodenominado M23, más de 470.000 personas han sido desplazas de Kivu del Norte. La situación recuerda demasiado a la de hace cuatro años.

El principal motivo del conflicto es la riqueza de la región. Los rebeldes pretenden controlar la provincia, que cuenta con minas de oro, plata y diamantes.

“La situación aquí es terrible, la gente llega de forma espontánea. Hacemos lo que podemos para responder pero son miles de personas desplazadas en un corto periodo de tiempo. Se tiene que hacer políticamente todo lo que esté en su mano para parar las luchas”, explica Valerie Amos, coordinadora humanitaria de la ONU.

El movimiento rebelde M23 inició los ataques contra las Fuerzas Armadas y la población de Rustshuru, en Kivu Norte, el pasado mes de abril. Desde entonces no han cesado su avance hacia Goma, la capital de la región.

Este grupo tomó su nombre del 23 de marzo de 2009. En esa fecha el grupo firmó un acuerdo con el Gobierno para integrarse en el Ejército congoleño a cambio del fin de la violencia.

El grupo pidió el control de las dos regiones de Kivu y organizó una cadena de mando paralela dentro del Ejército para seguir disfrutando de las reservas minerales.

Según un documento publicado por la ONU, este grupo rebelde estaría apoyado por la vecina Ruanda, a la que beneficia la inestabilidad en el Congo.

Líderes de once países de África mantuvieron la semana pasada en Kampala una reunión sobre el conflicto que concluyó sin alcanzar un acuerdo sobre el despliegue de un fuerza internacional en el Congo.