Última hora

Última hora

Dutroux, el caso que los belgas ni olvidan ni perdonan

Leyendo ahora:

Dutroux, el caso que los belgas ni olvidan ni perdonan

Tamaño de texto Aa Aa

13 de Agosto de 1996: Bélgica descubre un nombre que no olvidará jamás, el de Marc Dutroux.

El que se convertiría meses después en el hombre más odiado del país es detenido junto a su mujer, Michele Martin y un cómplice. La investigación que había comenzado unos días antes a raiz de las operaciones de búsqueda de Laetitia Delhez, de 14 años, lleva a la policía a Marc Dutroux, ya condenado por secuestro y violación de menores.

El sospechoso estaba bajo vigilancia policial desde hacía un año. Los agentes llegan incluso a practicar un registro en su domicilio de Marcinelle en diciembre por un delito de tráfico de coches.

En ese momento, Julie y Melissa estaban ya encerradas en la casa, pero la policía no se entera hasta meses después.

Las dos niñas de 8 años fueron secuestradas en junio del 95 en Grâce Hollogne. Dos meses después, otras dos menores, de 17 y 19 años desaparecían en el oeste del país. Y sólo tres meses antes que Laetitia, los padres de Sabine, de 12 años denunciaban el secuestro de su hija cerca de Tournai.

La policía no relaciona entonces los casos porque Dutroux y sus cómplices actúan en regiones diferentes del país. Tras su detención, Dutroux revela donde esconde a Laetitia y a Sabine.

Las dos menores están vivas, traumatizadas pero vivas. Pero la alegría de los belgas dura poco, porque es entonces cuando se descubre la suerte que han corrido Julie, Melissa, An y Eefje.

Dutroux había construido un zulo en la bodega de su casa. Las niñas, violadas a lo largo de 8 meses de secuestro, murieron de hambre y de sed.
Los cadáveres de An y de Eejfe, aparecen enterrados en dos jardines diferentes.

El calvario vivido por las niñas traumatiza a los belgas. En octubre del 96, se celebra la Marcha Blanca. Todo el país respalda a los padres de las víctimas y se une contra los disfuncionamientos de la justicia y de la policía. Se evoca incluso la hipótesis de una red de pedófilos protegidos por las más altas instancias.

La cólera de la población alcanza su paroxismo cuando en 1998 Dutroux aprovecha una consulta a su dossier en el Palacio de Justicia para fugarse. La evasión dura sólo unas horas, pero tiene repercusiones enormes: la reforma de la policía y de la justicia y la dimisión de dos ministros.

Tras más de siete años de investigación, en marzo de 2004 comienza el proceso del siglo. Tres meses después, Dutroux es condenado a cadena perpetua, su cómplice a 25 años de cárcel y su exmujer a 30.

Fue ella quien dejó morir de hambre a Julie y a Melissa mientras que Dutroux cumplía una pena de cárcel de cuatro meses a principios del 96.