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La lucha solitaria de las víctimas de delitos

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La lucha solitaria de las víctimas de delitos

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Unos 75 millones de personas al año son víctimas de delitos en la Unión Europea. Algunas reciben ayuda y apoyo, pero a muchas otras se les deja luchar solas. En Europa se están realizando esfuerzos para asegurar que estas víctimas no sean además víctimas del sistema.

Uno de los mejores sistemas de apoyo a las víctimas en Europa está en Escocia. Para algunos es un modelo para otros países. Aquí, tras un crimen, la ayuda está asegurada.

Pero hablamos con una familia cuya terrible experiencia es un ejemplo de a qué se enfrentan éstas víctimas en la Unión Europea. Es el caso de los allegados de un hombre que murió en España en octubre del año pasado.

Chris Lindsay falleció tras una noche de fiesta con sus compañeros de trabajo en la Costa del Sol.

Su familia ha acudido a la organización Apoyo a las Víctimas en Escocia para pedir ayuda en su batalla por una investigación oficial. Han tenido que lidiar con las barreras del lenguaje y muchos malentendidos burocráticos.

Antes de morir, Chris dijo a los que le atendieron que le habían agredido. Pero la familia sigue sin tener una respuesta oficial, explica Vikki Soloman, su mujer. “Es devastador, siendo honesto. Estamos intentando superar la pérdida de alguien muy importante para nosotros, pero no podemos porque seguimos sin saber qué ocurrió. Pero aunque tenemos una idea de lo que ocurrió, estamos enfadados con el sistema y la cantidad de tiempo que está llevando. Nadie puede continuar con su vida porque todavía está ahí, y seguimos luchando contra los tribunales para que se abra el caso y conseguir que se investigue. Y cuanto más tiempo pasa, menos pruebas e información tenemos, la gente se olvida.”

Un amigo de la familia, abogado retirado, está también intentando echarles una mano, y la organización Ayuda a las Víctimas en Escocia está intentando concienciar de lo que ha pasado. Algo muy necesario según Harry Lindsay, su padre. “Todos en Europa tenemos que analizar el sistema y escuchar a las víctimas, a los padres, escucharlos e intentar aprender de ellos, e intentar pensar cómo mejorar el sistema, y hacerlo mucho más fácil. Porque esto es horrible. Nunca termina. Está contigo cada minuto del día, y según pasan las horas tienes que lidiar con ello. Pero si sientes que estás recibiendo algo de ayuda, y el sistema fuera más fácil, creo que ayudaría muchísimo.”

Pero quién tiene que proporcionar esa ayuda, es la gran pregunta de las víctimas que se quejan de no tener voz.

Los avances de Escocia en la materia han sido significativos. Los políticos están considerando imponer un recargo, que los infractores paguen por el apoyo a las víctimas.

Los tribunales tendrían que tener en cuenta una compensación en caso de que haya daños personales.

Y además, hay una nueva Directiva que la Unión Europea que se espera aprobar pronto, que aseguraría a todas las víctimas de la Unión el mismo nivel de protección, apoyo y acceso a la justicia.

Las leyes actuales en algunos Estados tienen lagunas, en concreto cuando se trata de víctimas fuera de sus países, explica David McKenna, presidente de Apoyo a Víctimas en Europa. “En primer lugar los sistemas judiciales en la mayoría de los países no tienen en cuenta las necesidades de las víctimas de delitos. Es un concepto nuevo en muchos sistemas jurídicos. Cuando las víctimas están en un país donde entienden muy poco del sistema judicial, hay problemas con la dificultad del lenguaje y falta la traducción. Así que puede ser realmente una experiencia terrible estar en un país que no es el tuyo, y ser víctima del crimen.”

Dicen los expertos que cambiar las cosas en toda Europa no va a ser fácil. Dicen que es cuestión de que los Estados quieran mejorar los procedimientos, pero también de recursos y de presupuesto.

Otro ejemplo de país que lucha por una reforma es Lituania. Aquí el fortalecimiento de los servicios de apoyo no beneficiará sólo a los que tienen problemas en el extranjero, sino también a los locales.

Se están preparando acciones especiales en caso de violencia de género. En este hogar para mujeres maltratadas, lo celebran. “Al principio tenía miedo, porque estaba amenazada, y tenía mucho miedo de denunciar y pensé que dirían “bueno, es una madre con hijos, es la culpable”, porque es el caso más habitual en Lituania. Las mujeres son más culpables que los hombres. Tenía miedo, pero cedí. Estaba muy nerviosa y disgustada. Decidí llamar a la policía y pedirles que me llevasen, porque los niños, y yo, necesitábamos ayuda psicológica”, explica una víctima que oculta su identidad.

La directora del centro, Nijolė Dirsienė, destaca la importancia de la asistencia social, que ayuda a las víctimas a enfrentarse a la situación para cambiarla. “Para llegar a una solución efectiva, creo que quizás el mejor ejemplo que mostrar al público no es la existencia de centros para mujeres que se quedan allí. Tenemos que mostrar que los casos se investigan rápidamente en los tribunales, que hay juicios rápidos, usando toda la ley para acabar con los abusos. El público necesita prestar atención a estos casos, y entender que la violencia en la familia tiene un castigo, y que no debería haber casos impunes.”

La nueva directiva de la Unión Europea no significará un gran cambio en las leyes lituanas, según el viceministro de Justicia, Tomas Vaitkevičius, que añade que las prioridades en Bruselas son también prioridades en Lituania.

Una nueva ley de 2009 permite a las víctimas de delitos violentos recibir una compensación del Estado. Pero admite que queda mucho por hacer. “Hay problemas que tienen más que ver con cuestiones prácticas, relacionadas con la falta de recursos. Y muy a menudo, debo admitirlo, hay una falta de competencia entre los responsables cuando se trata de entender el procedimiento que necesita la víctima. Es un reto para todos los implicados.”

Muchos de los que trabajan en este campo saben que no es cuestión de tener los procedimientos correctos descritos en las leyes, sino que es una cuestión de respeto, según la fiscal Eglė Matuizienė. “A la víctima le preocupa más poder mantener su propia dignidad que el juicio final del caso. Es muy importante mostrar empatía con la víctima, para mostrar respeto. Y es en realidad el gran problema de Lituania.”

Y el mismo problema se extiende a otros países de la Unión Europea.