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Charlie Hebdo, el "Enfant terrible" de la prensa francesa

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Charlie Hebdo, el "Enfant terrible" de la prensa francesa

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Desde sus primeros días de existencia, el único semanario satírico en Francia, y uno de los pocos en Europa, lleva la provocación al extremo y no entiende de límites.

De tradición libertaria y con un espítritu cáustico e irrespetuoso, la publicación sólo tiene un credo: todo está permitido porque la libertad de expresión en Francia es sagrada.

Stéphane Charbonnier. Director de Charlie Hebdo:
“¿No se pueden hacer caricaturas de Mahoma en Francia? pues claro que sí, en Francia se pueden hacer caricaturas de todo el mundo. Yo no reprocho a los musulmanes que no se rían con mis dibujos, pero que no vengan a decirnos bajo que leyes tenemos que vivir. Yo vivo bajo la ley francesa, no bajo la ley del Corán”

Para el director de Charlie Hebdo y para sus colaboradores, no hay líneas rojas ni temas tabúes…por lo menos en teoría.

Stéphane Charbonnier:
“El único asunto que plantea problemas es hablar del Islam radical. Cuando atacamos con la misma virulencia a la extrema derecha católica nadie habla en los periódicos, pero en cambio no podemos reirnos de los integristas musulmanes. Bueno, pues debe ser una nueva regla que, desde luego, no vamos a respetar”

Esa es la única ley del semanario: no dejarse doblegar ni ceder a las presiones. El año pasado, el local fue blanco de un incendio criminal provocado por un cóctel molotov. Horas antes habían decidido la publicación de un número bautizado Charia Hebdo, en alusión a la victoria del partido islamista Nahda en Turquía.

A veces divertida, a veces grosera, siempre irreverente, la revista, que se proclama “estúpida y desagradable”, fue fundada por dos amigos. Su primer nombre fue Harakiri.

En 1970 Harakiri desata un auténtico seísmo con una polémica portada en la que juega con dos acontecimientos que sucedieron casi a la vez y que traumatizaron a la nación: la muerte del general Charles de Gaulle en su residencia de Colombey, y un incendio en una discoteca en la que murieron cerca de 150 personas.

Hara-kiri publica una portada en la que se lee “Baile trágico en Colombey: un muerto”….y sin saberlo, firma también su sentencia de muerte.

En 1992, Harakiri se convierte en Charlie Hebdo. Desde entonces, el semanario no ha cambiado sustancialmente: sigue siendo iconoclasta, irreverente, visceralmente anti-sistema, crítico con todas las creencias religiosas…y muy poco complaciente con el poder; de hecho a lo largo de su historia el semanario ha tenido innumerables procesos judiciales.

En plena tormenta por publicar nuevas caricaturas de Mahoma en unos momentos tan delicados, responsables de Charlie Hebdo se remiten de nuevo a una frase atribuida desde hace dos siglos al filósofo Voltaire “aunque no estoy de acuerdo con lo que dice, me jugaría la vida para que tuviera derecho a decirlo”.