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La presión popular echa para atrás la última reforma del Gobierno portugués

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La presión popular echa para atrás la última reforma del Gobierno portugués

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Más que descontento, fue cólera lo que los portugueses dejaron traslucir el pasado viernes frente al palacio presidencial de Belem, cerca de Lisboa.

La amplitud de la protesta popular sorprendió a los políticos y pilló desprevenidos a los sindicatos.

La población mostró su rechazo categórico a la última medida de austeridad que el primer ministro de centro derecha, Pedro Passos Coelho pretendía poner en marcha en 2013.

Tras 8 horas de reunión del Consejo de Estado, convocada por el presidente de la República, Anibal Cavaco Silva, Passos Coelho tuvo que dar marcha atrás y renunciar a aumentar la cotización a la seguridad social de los trabajadores del 11% al 18% y reducir las cargas patronales del 23,75% al 18%.

Es decir, una transferencia de dos mil millones de euros de los trabajadores a las empresas con la que el primer ministro esperaba frenar la subida del paro, que está ya en el 15,7%.

Mal cálculo, porque la medida no ha convencido a nadie, empezando por los trabajadores:

Paulo Mourinha:
“No ayuda ni a los empresarios ni a los trabajadores. Al final del año perderíamos el equivalente a un mes de salario y los empresarios seguirían pagando muchos impuestos, sin poder subirle el sueldo a los trabajadores”

Una opinión que comparte el dueño de esta panadería:

Licino Guedes:
“No funciona, no funciona. Los trabajadores tendrían que cotizar más a la seguridad social, y yo pagaría menos. Pero la diferencia no suficiente para contratar a otro empleado, asi que no funciona”

Tras la subida del IVA que ha pasado al 23% en 2012 y de los impuestos sobre la renta, los portugueses consumen cada vez menos. La recesión, que roza el 3% del PIB va a prolongarse en 2013. Con este panorama, es difícil que los portugueses vean la luz al final del túnel.