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Libia:población y Gobierno se unen contra las milicias armadas

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Libia:población y Gobierno se unen contra las milicias armadas

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Restablecer el orden en un país marcado por las divisiones: un objetivo que se está revelando extremadamente difícil para las nuevas autoridades libias, cada vez más presionadas por la opinión pública.

Más de un año después de la caída del régimen de Gadafi, acabar con las milicias armadas es la prioridad absoluta de los responsables libios.

Hace dos semanas, el ataque que costó la vida a cuatro estadounidenses en Bengasi, incluido el embajador Chris Stevens, puso de manifiesto el auge de los grupos islamistas radicales y la incapacidad del nuevo poder de garantizar la seguridad.

Pero también mostró la existencia de un nuevo frente unido: el de la población libia, dispuesta a acabar con las milicias que imponen su ley en el país desde la caída de Gadafi.

Decenas de miles de personas, decididas a no dejarse robar la revolución, se echaron a las calles el pasado viernes en Bengasi para exigir el desarme de los paramilitares.

La protesta que comenzó de forma pacífica terminó con el ataque a uno de los cuarteles generales de los milicianos. Los enfrentamientos dejaron 11 muertos y a las autoridades aún más entre la espada y la pared.

Un día después, el presidente del Consejo General Nacional libio, dio un plazo de 48 horas a las milicias no asociadas a las fuerzas regulares para que se disolviesen.

Tras la caída del régimen, cientos de exrebeldes ocuparon cuarteles, edificios estatales y propiedades del antiguo régimen.

Aunque algunos se unieron a los nuevos servicios del interior o de la defensa, otros se niegan a someterse a la autoridad central.

La composición de las milicias es variada: desde yihadistas de Al Qaeda, hasta salafistas y clanes tribales, divididos entre unas corrientes que se prestan a la integración política y otras ramas más militantes que se oponen a la democracia.

Un sentimiento muy extendido entre ellas es el rechazo a toda alianza con Estados Unidos y sus aliados, aunque fueran claves en la caída de Gadafi.

El escenario más temido es que se produzca un escenario tipo Afganistán, cuando los muyahidines volvieron sus armas contra sus benefactores.

El poder central, legitimado por las urnas pero extremadamente frágil tiene por delante una tarea extremadamente delicada, que complica aún más el mosaico tribal libio.