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La catástrofe del Erika, símbolo de la mundialización

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La catástrofe del Erika, símbolo de la mundialización

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La catástrofe del Erika, símbolo de la mundialización. Cuando el petrolero se partió en dos el 12 de diciembre de 1999, navegaba bajo pabellón maltés, y por tanto, tenía facilidades reglamentarias, fiscales y sociales; su certificado de navegación fue expedido por la empresa italiana Rina.

La nave, propiedad de Giuseppe Savarese, un italiano residente en Londres, había sido fletada por una filial de Total con base en Panamá.

El naufragio tuvo lugar frente a las costas bretonas, pero en la zona económica exclusiva, es decir, más allá de las doce millas náuticas de las aguas territoriales francesas. Pese a la distancia, el petróleo contamina 400 kilómetros de costas francesas.

Las 20 mil toneladas de combustible que se filtran del Erika, un monocasco de 24 años, matan también a decenas de miles de pájaros, 130 veces más que el Amoco-Cadiz, y destroza los fondos marinos. Las operaciones de limpieza de las costas se prolongan a lo largo de todo el año 2000.

El proceso para depurar responsabilidades comienza en febrero de 2007. Comparecen como acusados el capitán de nacionalidad india, la empresa Rina, Total, y el propietario del barco, Giuseppe Savarese.
Las regiones de Bretaña y de País del Loira con ayuntamientos y asociaciones constituyen las acusaciones particulares.

Además de la condena penal y civil de los responsables, piden una reparación financiera por los daños al medioambiente.

En enero de 2008, la justicia les da la razón.
Por primera vez en Francia nace el precedente del “perjuicio ecológico”. Un avance excepcional para la ministra de Ecología francesa en el momento de la catástrofe, Dominique Voynet:

“Es la primera vez que se reconoce el perjuicio ecológico y el derecho de las regiones francesas y de las Asociaciones ecologistas a defender el medioambiente. El hecho de que no se evalúe sólo el coste económico sino también el daño causado a los animales, al mar, a las costas, es algo completamente excepcional”

El escándalo del Erika también hizo avanzar la reglamentación europea. Desde octubre de 2003 los petroleros de casco simple que transporten fuel pesado no pueden en principio atracar en los puertos europeos.