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Inquietante calma en Líbano

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Inquietante calma en Líbano

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Líbano contiene la respiración. El ejército ha conseguido establecer un alto el fuego en Trípoli tras la violencia vivida en los últimos días y en Beirut las barricadas militares han desparecido, aunque las calles presentan un aspecto inquietantemente desierto. Sólo los detractores del gobierno controlado por Hizbulah desafían al poder.

“Queremos que el gobierno dimita”, explica Khaled Zahrouman, miembro del partido Mustaqbal. “El resto de formaciones políticas deben entender que los opositores estamos abiertos a la formación de un ejecutivo de unidad nacional que sea neutral. Ese gabinete debe asumir el poder en este periodo difícil y conducir al país a un nuevo proceso electoral”.

La inestabilidad que vive Siria amenaza con contagiar a este país, dividido entre seguidores y detractores de Bachar Al Assad.

“Hace 20 años que vivimos atemorizados”, explica un ciudadano en el centro de Beirut. “No sólo por el futuro de Líbano, sino por el de todo Oriente Próximo. He intentado por todos los medio que mis hijos abandonen el país, pero no lo he conseguido. No quiero que sigan aquí”.

El detonante de los enfrentamientos esta vez ha sido la muerte del jefe de la Inteligencia libanesa. La oposición acusa directamente a Siria y denuncia la pasividad del primer ministro.

“La vida ha vuelto a la normalidad”, explica nuestro enviado especial, Jamel Ezzedini. “O al menos eso es lo que puede parecer un día después de los últimos enfrentamientos provocados por la muerte de Wissam al Hassan. Sin embargo, nadie puede predecir lo que va a ocurrir en las próximas horas”.