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Un primer año tranquilizador de Draghi

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Un primer año tranquilizador de Draghi

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Mario Draghi cumple un año como presidente del Banco Central Europeo y su balance convence más que decepciona entre los observadores. En julio, pronunció una frase en Londres que permitiró relajar a los mercados en su ataque contra las deudas soberanas española e italiana:

“El BCE está preparado para hacer todo lo necesario, en el cuadro de su mandato, para preservar el euro. Y, créanme, será suficiente”.

Estas escuetas palabras sirvieron, efectivamente, para evitar una crisis mayor. Pero, una vez llegado a su puesto en Fráncfort, Dragui puso en marcha un programa que había diseñado su predecesor, Jean-Claude Trichet: préstamos a tres años a los bancos de la eurozona por una suma de un billón de euros.

El ex gobernador del Banco Central de Italia se dedicó, luego, a rebajar los tipos de interés hasta hacer saltar el tabú del uno por ciento porque, en julio pasado, los acabó dejando en el 0,75 por ciento, el mínimo histórico del euro con la posibilidad de una nueva rebaja.

Pero su mayor intervencionismo, que no conocían ni los otros trece gobernadores del BCE, fue su frase en verano en Londres que avanzaba el programa de compra ilimitada de bonos de países en dificultades, si estos lo pedían a los mecanismos de rescate y a pesar de la oposición del Bundesbank alemán.

A la espera de que un gobierno como el español se atreva a dar el paso, el trabajo del Draghi para 2013 será el desarrollo de un supervisor bancario de las 6.000 entidades financieras de la eurozona. En ello, dio la razón a la canciller gernana, Angela Merkel, porque este dispositivo no tendrá carácter retroactivo para capitalizar directamente a las entidades como quería Madrid para que no le pesara como déficit.