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El nuevo rostro de la pobreza en España

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El nuevo rostro de la pobreza en España

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¿Comer, o pagar la hipoteca? Esa es la cuestión para muchos españoles.

Sor Esperanza Romero nos abre las puertas de la Cocina Económica de Oviedo, una entidad que, como consecuencia del azote de la crisis, recibe en su comedor a unas 300 personas diarias, muchas de clase media. Un servicio atendido por un centenar de voluntarios.

“Hay gente incluso de aquí porque se ha visto a través del paro y de que tienen que pagar la renta del piso o tienen que pagar la hipoteca y si pagan eso no comen”, se lamenta Sor Esperanza.

El menú cuesta cincuenta céntimos de euro. El cataclismo del milagro económico español, construido sobre los pies de barro del ladrillo, ha dejado a empresarios, funcionarios y trabajadores, sin nada. Y cada día es peor.

La tasa de paro supera el 25 por ciento, uno de cada cuatro españoles en edad de trabajar, un récord histórico. Ante este panorama la solidaridad es indispensable para evitar la fractura social.

Pero veámos con María Velasco, ¿de dónde salen todos estos alimentos?

“Todos esos alimentos llegan hasta unas instalaciones como estas de aquí de Asturias, donde los voluntarios se encargan bien de, hacer el recuento, recopilar, almacenar y posteriormente hacer el reparto entre las organizaciones”.

Los donantes son particulares o bien empresas, como las cadenas multinacionales de distribución, las plataformas logísticas y los hipermercados.

En 2011, la Federación Europea de Bancos de Alimentos repartió 401.000 toneladas de alimentos entre 5,2 millones de ciudadanos en riesgo de exclusión social.

María Velasco es la coordinadora del Banco de Alimentos de Asturias y gestiona uno de los 247 centros, ubicados en 21 países, que se encargan de la distribución.

“Pero no a través de ellos directamente, no es una entrega directa hacia ellos, si no a través de las cientos de organizaciones que trabajan en el entorno porque ellas son las que conocen la situación que conocen a sus vecinos y saben cómo pueden ayudarles”, asegura María Velasco.

La distribución a los beneficiarios finales de todos estos alimentos es posible gracias a la colaboración de 31.000 asociaciones europeas que cuentan con casi 10.000 voluntarios y unos 800 empleados.

Además de los alimentos, la ayuda financiera de las instituciones resulta indispensable.

José Antonio Busto, es el presidente de la Federación Española de Bancos de Alimentos, entidad galardonada con el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia.

Su preocupación es tremenda porque el perfil de la pobreza está cambiando: “Están los mismos que estaban, y además están ya profesionales, universitarios, técnicos superiores que han terminado su trabajo, que han terminado las prestaciones, que están en el paro y que nadie los atiende, entonces van a los comedores sociales en esa alternativa terrible de decidir entre pagar la hipoteca o comprar comida”, comenta José Antonio Busto.

El Programa Europeo de Ayuda a los más necesitados (PEAD) finaliza el año que viene, los bancos de alimentos exigen no sólo su continuidad sino un mayor presupuesto.

“Estamos a favor de la continuidad del proyecto y a favor de que continúe la cifra y se aumente un poco porque la población sigue subiendo y las necesidades también —señala José Antonio Busto— los necesitados también siguen creciendo, no tiene sentido que bajemos de 500 millones a 355 millones y entendemos que la alimentación es muy importante y es primordial, de manera que en esto estamos, en hablar con los políticos”

La propuesta presentada por la Comisión Europea prevé una partida de 2.500 millones de euros para el nuevo programa de atención a las personas más desfavorecidas para el periodo 2014-2020.

Francisco Fuentes, euronews:

Los bancos europeos de alimentos necesitan más dinero y es que sólamente en España, el número de beneficiarios ha aumentado un 20 por ciento en los últimos meses. La federación que agrupa a estas entidades espera que la Unión Europea esté a la altura de las circunstancias.