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Mitt Romney, perdedor a pesar de una larga campaña

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Mitt Romney, perdedor a pesar de una larga campaña

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Ha sido una campaña muy, muy larga para Mitt Romney para al final quedarse a las puertas de la Casa Blanca. De hecho, el candidato republicano ha recorrido el país durante casi un año para conseguir, antes de nada, el apoyo de los republicanos. Para ello, el exgobernador se vió obligado a “derechizarse”, como explica el analista Tom Mann de Brookings Instituttion.

“Era un gobernador moderado en Massachusetts, muy pragmático, consiguió hacer muchas cosas y, sin embargo, tuvo que convertirse en otra persona para ganar la nominación”, explica.

Para defender su candidatura de cara a las bases ultraconservadoras del partido, Romney tuvo que elegir a Paul Ryan como compañero de equipo, un republicano radical, intratable sobre el déficit y gran detractor de los derechos de las mujeres.

Todo ello a pesar del exgobernador que en el pasado defendió los derechos de los homosexuales y el aborto, como recuerda la periodista política Kasie Hunt.

“Romney anunció que había cambiado de idea y se comportó como si siempre hubiese estado en contra del aborto. Por supuesto, todo esto fue visto como una maniobra para acercarse a la línea ortodoxa del Partido Republicano”, dice.

Otra de sus grandes contradicciones fue la referente al seguro médico universal que él mismo instauró en Massachusetts pero contra el que luchó a nivel nacional por ser una propuesta de Obama.

“Si nuestro objetivo son los puestos de trabajo tenemos que parar de gastar alrededor de un billón de dólares cada año que no tenemos. Para ello pienso eliminar cada uno de los programas caros e innecesarios que encuentre, entre ellos, el seguro médico universal de Obama, trabajaré para reformarlo y así ahorrar”, afirmaba Romney en un mitin.

Su imagen fue duramente golpeada por la filtración de un vídeo en el que decía:

“De acuerdo, hay un 47% que están con Obama, que dependen del gobierno y que creen que son víctimas. Mi trabajo será no preocuparme de esa gente porque nunca conseguiría convencerlos”.

Al final, el candidato republicano no ha sido lo suficientemente convincente como para ganar la elección suprema a pesar del impulso del que se benefició su candidatura tras el primer debate con Obama.