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Bienvenidos a un sorprendente refugio alpino energéticamente autosuficiente y limpio

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Bienvenidos a un sorprendente refugio alpino energéticamente autosuficiente y limpio

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Una bicicleta, más bien un triciclo, sube un puerto alpino a más de cincuenta kilómetros por hora. Cuenta con una autonomía de 270 kilómetros.

“La tecnología se basa en la descarga lenta de una batería dentro de otra, para conseguir el máximo de autonomía. Se dispone siempre de la ayuda de los pedales”.

Fabrice André es un ingeniero con alma de inventor. Lo encontramos a dos mil metros de altitud, en la cima del Alpe d’Huez, en los Alpes franceses. Aquí vive desde hace doce años. En una casa de lo más peculiar.

“Quería construir un edificio en medio de la nada y superar la prueba de la autonomía energética. La autonomía energética suponía no solo tener electricidad, sino también recursos propios para la calefacción, el jardín, el huerto, y, ahora, los desplazamientos”.

Un refugio rebosante de ideas, de trucos que permiten a Fabrice vivir con total autonomía. Aquí los conceptos clave son independencia y comodidad. Ambos están asegurados gracias a la madera.

“Veinte centímetros de espesor de madera maciza equivalen a dos metros de lana de vidrio en materia de aislamiento. Y luego tenemos la compresión. Un edificio, cuanto más envejece, más impermeable se vuelve. El peso garantiza la impermeabilidad y la solidez”.

“Ahí estamos frente a un motor de viento de geometría variable, con un eje vertical”.

“Esta es la aceleración…y ahí tenemos el viento que vuelve. Entonces se cierra. El viento pierde fuerza, se abre completamente. Su estructura está completamente abierta. Es casi indestructible porque con mucho viento se convierte en un cilindro”.

Y si uno mismo produce la energía, uno mismo puede controlar las emisiones contaminantes…

“El chalet está equipado con un estanque de fitodepuración. Se recogen todas las aguas residuales, las aguas negras del edificio. A continuación se la reoxigena antes de devolverla al medio natural. Ahí vemos un alga, la Elodea de Canadá, que acaba el trabajo de oxigenación”.

“Aquí tenemos un rastreador solar. Es un espejo que permite reenviar la luz solar a la parte norte del edificio, y fundir la nieve sin coger la pala, únicamente con el sol”.

Y cuando no tengamos ni sol ni viento, siempre nos quedarán los desechos. A esta caldera le vale de todo, incluso los plásticos. No contamina. Por supuesto, se trata de una caldera especial.

“Cuando uno sobrepasa la barrera de los 1600 grados, se pueden incorporar objetos como el plástico o el polietireno, que son especialmente contaminantes, ya que esta temperatura permitirá degradar las moléculas no deseadas”.

“¿A qué temperatura está?”

“No es complicado, estamos a 1400 grados”.

A la espera de los primeros turistas de la temporada, Fabrice ha instalado sobre la mesa del salón parte de sus trabajos de investigación, sobre todo los relacionados con la energía libre.

“La corriente pasa por el aire y es recuperada sobre estas dos bolas. Y se crea un principio tensoactivo sobre los dos generadores. Uno sirve de emisor y el otro de receptor. Se percibe que entre los dos se bombean los electrones que están en el medioambiente y que están en el vacío. Entre la tierra y el infinito existen verdaderamente más recursos que entre nuestros pies y el centro de la tierra. Por el momento solo conocemos una parte”.

“Actualmente llegamos a la energía libre. No estamos más en los procesos de las renovables, estamos en los procesos en los que la inteligencia nos permite responder a nuestras necesidades a pequeña escala. Y una pequeña necesidad de dos kilowatios las 24 horas del día, 365 días al año…Si sabemos equilibrar las cargas y almacenar en paralelo, no necesitamos más, se satisfarán perfectamente las necesidades del chalet”.