Última hora

Última hora

Polonia puede perder ayuda para gente sin hogar

Leyendo ahora:

Polonia puede perder ayuda para gente sin hogar

Tamaño de texto Aa Aa

¿Europa ha renunciado a sus ciudadanos más pobres?

Aunque la precariedad aumenta, el programa europeo de ayuda a los más desfavorecidos está cuestionado. Y 18 millones de personas se ven afectadas por ello.

Todas las explicaciones y testimonios en el Reporter de hoy, que se desplaza hasta Polonia.

Turno de guardia nocturna para la policía municipal de Varsovia.

La agente Agniezska y sus compañeros conocen bien los sin techo de la capital polaca, a los que asisten regularmente.

Gosia vive en este pequeño subterráneo desde hace 11 años. Es una de las centrales de calefacción de la ciudad, donde viven muchos ‘sin techo’.

“La gente del centro social vino aquí, con la directora. Le pregunté si podía recibir ayuda financiera. Ella me dijo que no, que no recibiría nada porque me gusta mucho beber, que la gente como yo no reciben ayudas”, relata Gosia.

Algunos sin techo se han acomodado en cabañas en el bosque, a las afueras de la ciudad.

Amputada de una pierna, Monika, que no tiene hogar, no encuentra trabajo, y no tiene pensión de invalidez.

Su compañero, Wlodzimierz, gana 1.500 zlotys, unos 350 euros al mes, el equivalente al salario mínimo, limpiando y haciendo pequeños trabajos.

“Hacemos todo lo posible para salir de esta situación. Nos gustaría alquilar un piso, pero no podemos hacerlo”, admite este ciudadano sin techo.

Oficialmente, Polonia tiene entre 80.000 y 130.000 personas sin hogar.

“Cada vez vemos más gente sin techo. La pobreza no solo concierne a aquellos que viven en alcantarillas y en las cabañas, también hay pobres en las casas normales”, admite Agneska.

“La situación no es fácil. Estas personas no llegan a fin de mes, algo que ocurre con la mayoría de polacos”, cuenta.

A pesar de ser uno de los escasos países de la Unión con un crecimiento positivo, Polonia cuenta con dos millones y medio de personas que viven en la pobreza extrema, casi un 7 por ciento de la población.

La sociedad polaca cada vez más acude a los comedores sociales, como en este centro de Varsovia, gestionado por Caritas.

Una gran parte de los productos que se cocinan aquí proceden del Programa Europeo de Ayuda a los más Desfavorecidos, que en la actualidad está cuestionado.

“Este programa nos permite dar de comer a 800 personas, sobre todo sopa y pasta. Si nos quedamos sin esta ayuda, y no tenemos otra manera de financiación, tendremos que cerrar el comedor”, anuncia Izabella Choma, directora de un comedor social de Caritas.

Una ayuda alimentaria destinada únicamente a las personas sin hogar. Anna trabaja aquí y gana unos 300 euros al mes.

“Mi sueldo no es suficiente para vivir, aunque sobrevivo. Mi marido está en el paro, tengo dos hijos, es duro. Tengo la ayuda de Caritas, con cestas llenas de alimentos y también de ropa. Durante las fiestas, recibo regalos para mis hijos. Nos las apañamos como podemos”, asegura.

El 90 por ciento de la ayuda alimentaria que distribuyen asociaciones caritativas en Polonia proviene del Programa Europeo a través de 27 bancos de alimentos, como aquí, en Lodz, a 150 kilómetros al oeste de Varsovia.

Polonia es uno de los principales países
beneficiarios del programa, creado en 1987 para redistribuir los excedentes agrícolas comunitarios a la gente necesitada.

Con la progresiva desaparición de los excedentes, el programa se financia bajo el presupuesto de la Política Agrícola Común, de unos 500 millones de euros al año.

Anualmente el Programa prevé concursos con empresas como esta para asignar la producción de los alimentos.

“Son contratos muy buenos porque son de la Unión Europea, son una garantía para los productores. Tras el contrato firmamos un acuerdo con los clientes sobre la cantidad a producir. Estamos totalmente seguros de que somos pagados”, indica Dariusz Sapinski, director ejecutivo de la empresa Mlekovita.

Pero el futuro del Programa de Ayuda a los indigentes está en peligro tras un recurso de Alemania ante el Tribunal Europeo de Justicia, que se posicionó a favor de un nuevo enfoque a las políticas sociales.

Un nuevo proyecto se creará en 2014 si lo aprueba el Consejo Europeo.

Pero Alemania, los Países Bajos, Suecia, Austria, Dinamarca, Reino Unido y República Checa se oponen al nuevo programa.

“La nueva propuesta de la Unión Europea, el nuevo fondo de ayuda a los desfavorecidos, prevé un presupuesto ciertamente bajo”,
argumenta Lukasz Beier, coordinador de la Federación polaca de Banco de Alimentos.

“Está muy alejado de la realidad y de todos los indicadores económicos, que muestran que el número de personas amenazadas por la pobreza aumenta. El presupuesto se ha reducido en un 40 por ciento”.

“La Unión Europea debe mostrar su solidaridad con los países más pobres, que no tienen los medios para hacerse cargo de este segmento de la población. En Polonia no sería posible”, subraya.

En total hay 18 millones de personas que se benefician del Programa Europeo en 20 países de la Unión. De ellas, un millón y medio en Polonia.

Las asociaciones están inquietas por los posibles recortes. La mayor parte, como la fundación Igualdad de derechos de Lodz, distribuye casi exclusivamente ayudas que provienen del Programa Europeo.

Prácticamente no hay otras fuentes de donación. Y el fondo dedicado a productos alimentarios permite a la fundación desarrollar acciones de reinserción.

“Si no hubiera esta ayuda europea, ¡no habría colas de espera y tendríamos menos trabajo en la fundación! Ahora en serio, tenemos una gran cantidad de familias muy pobres que no podrían alimentarse”, dice Ewelina Gallas, directora de la fundación Rowne Szanse.

“Hay familias con 4 o 5 hijos, que viven de los subsidios. Las hay que padecen enfermedades o que están al borde de la exclusión social. No pueden salir de esta situación por sí mismos, hay que ayudarlos para que puedan iniciar una nueva vida”, prosigue.

Los jubilados cada vez son más vulnerables.

“Tengo una pequeña pensión de 420 zlotys, unos 100 euros. No puedo comprar nada con eso. Si no recibiera las ayudas, no sé qué haría. La verdad es que no podría seguir adelante”, una jubilada.

En la asociación samaritana de Lodz también hay una demanda cada vez mayor por parte de trabajadores pobres y, especialmente, de familias monoparentales.

Es el caso de Izabela, divorciada y sin trabajo.

“En este momento percibo un subsidio fijo y una ayuda alimentaria para mi hijo. Con este dinero, puedo pagar el alquiler y las facturas. Si se redujera la ayuda alimentaria, entonces todo el dinero iría destinado a la alimentación, y después de un tiempo, seríamos desalojados”, explica.

Si el Programa Europeo se reduce o elimina, las asociaciones dependerán más de las financiaciones institucionales o privadas.

“En Polonia,la contribución de las empresas es limitado”, comenta Krzysztof Gajewski, gerente de este supermercado de Varsovia.

Aquí solo el uno por ciento de los productos no vendidos de la cifra de negocio es donado a las asociaciones locales.

“Es absurdo, en Polonia, en una situación como esta, tenemos que pagar el IVA. Quien ofrece, tiene pagar. Al final nos sale más rentable lanzar productos que donarlos. Hay un proyecto de ley que debería cambiar las cosas el año que viene. Entonces será más fácil donar productos porque no estaremos obligados a pagar impuestos”, comenta Gajewski.

Ahora la esperanza recae en la generosidad de la sociedad polaca, que, a pesar de la crisis, no ha disminuido.