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Tahirul Qadri: el desconocido que lidera la "Larga Marcha" pakistaní

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Tahirul Qadri: el desconocido que lidera la "Larga Marcha" pakistaní

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El arresto del primer ministro pakistaní, Raja Ashraf, por un presunto caso de corrupción,
ha caído como una bomba política en Islamabad, cuyo centro permanece tomado por miles seguidores del clérigo reformista Tahirul Qadri.

En cuestión de dos días, la manifestación que partió el domingo de Lahore, a unos 400 kilómetros, ha adquirido una amplitud casi sin precedentes y ha paralizado la capital.

Prácticamente desconocido hasta ahora, el cabeza visible de la llamada ‘larga marcha’ volvió en diciembre de Toronto tras seis años de exilio.

La rápida ascensión del líder sufista de 61 años, con doble nacionalidad pakistaní y canadiense, deja perplejos hasta a los analistas:

Harry Sultan. Experto en política pakistaní:
“Esta persona ha surgido de la nada, porque era un completo desconocido, y se ha incorporado a la arena política pakistaní en el momento más oportuno. Todo eso confunde a los analistas, que se preguntan qué pretende realmente, quién está detrás, cuáles son sus motivaciones y qué se logrará con esta protesta”

Según Sultan, los eslóganes contra los talibanes que corea Qadri recuerdan poderosamente a la estrategia estadounidense en Afganistán.

La forma en la que se desarrolla la movilización parece corresponder a una máquina bien organizada, por lo que es más que probable, dice, que haya apoyo de fuerzas exteriores.

Harry Sultan:
“Algunos poderes internacionales, que acabo de mencionar podrían estar financiando la protesta, porque si no, no me lo explico”

De lo que no hay duda es de que Qadri, que asegura que sólo pretende establecer una verdadera democracia en Pakistán, cuenta con el beneplácido de los occidentales.

Sobre todo ahora que Paskistán entra en una fase muy delicada: los cinco años de ejercicio del actual Gobierno, acusado de corrupción y salpicado por varios escándalos, concluye en marzo.

Las elecciones generales están previstas para mediados de mayo. Pero para los manifestantes, no hay tanto tiempo: piden la disolución inmediata del Parlamento para proceder a una serie de reformas antes de las elecciones.

Entre otras cosas, acusan al gubernamental Partido del Pueblo Pakistaní de no haber conseguido sofocar la insurrección islamista.

Las críticas a la gestión del Ejecutivo se multiplicaron tras los atentados de la semana pasada en un barrio chií de la ciudad de Quetta, la capital de la provincia de Baluchistán. Los ataques costaron la vida a 112 personas.

Decepcionada por la falta de control de las autoridades, la minoría chií pide que el Ejército se ocupe de gestionar la seguridad en la región.