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El acoso sexual, un problema muy extendido en el Egipto revolucionario

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El acoso sexual, un problema muy extendido en el Egipto revolucionario

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Participar en una manifestación en Egipto puede ser peligroso. Lo demuestra el número de personas que han muerto esta última semana por participar en las protestas.

Pero si se es mujer el riesgo es aún mayor. El acoso sexual ha sido y es moneda corriente durante los dos años de protestas que tumbaron el régimen de Mubarak y que hoy intentan derrocar al presidente Mursi.

Amnistía Internacional lleva desde entonces denunciando que las mujeres son víctimas de abusos e incluso violaciones cuando acuden a las manifestaciones.

La simbólica plaza Tahrir es uno de puntos negros de esta violencia machista. Una agresión que ha amedrentado a muchas mujeres a acudir a las protestas.

“En los últimos dos meses cuando ha habido grandes manifestaciones hemos sufrido serios y agresivos ataques. Nuestro objetivo hoy es intentar acabar con el acoso sexual antes de que pase”, declaraba la activista Salma Tarzi.

“Las mujeres no estamos consideradas en la sociedad y hay una reacción violenta contra nosotras. En todos los ámbitos de la sociedad se nos ataca. Tenemos que contraatacar”, denunciaba Nawal el Saadawi.

Los sucesivos y continuados casos han impulsado a distintas organizaciones a organizar grupos de vigilancia que protejan a las manifestantes.

Ataviados con estos chalecos fluorescentes, los voluntarios impiden un acto que no solo denigra a la mujer sino a toda la sociedad en su conjunto.