Última hora

Última hora

Irán-Egipto: el deshielo

Leyendo ahora:

Irán-Egipto: el deshielo

Tamaño de texto Aa Aa

Es la primera vez que un dirigente iraní visita Egipto en más de 30 años.
Un gesto que confirma el deshielo que comenzó entre los dos países cuando Mohamed Mursi fue elegido presidente y menos de dos meses después, puso rumbo a Irán, también por primera vez en más de tres décadas.

A lo largo de sus treinta años de reinado, Mubarak, fiel aliado de Estados Unidos, fue un adversario feroz del Irán islamista.

Pero la ruptura de las relaciones entre los dos países se remonta a otros líderes. En 1979, el Egipto de Anouar el Sadat firma un tratado de paz con Israel y reconoce la existencia del Estado hebreo.

Teherán no le perdonará nunca. Ese mismo año, el país hace su revolución instaura una república islámica y expulsa a Reza Palevi del poder.
Las tensiones se encadenan cuando Egipto le ofrece asilo e Irán pone el nombre del asesino del presidente Sadat a una gran avenida del país.

En un mundo musulmán dominado ampliamente por los suníes, Irán, que es el principal país chií del mundo, cuenta a sus aliados con los dedos de una mano. Entre ellos, Siria. Durante la última cumbre de la Organización para la Cooperación Islámica, el pasado agosto, Teherán fue el único de los 57 participantes que protestó contra la expulsión de Damasco.

La preponderancia de los suníes en la región, en beige en el mapa, es evidente frente a los chiíes, que se concentran esencialmente en Irán, Irak y Yemen.

En Irán el 80% de la población es chíi. Egipto y Arabia Saudí, los dos principales países de la región, cuentan respectivamente con un 90 y un 97% de suníes.

Dos casos aparte, focos de tensión, son Bahrein y Siria.

En Siria, el 75% de la población es suní, pero la minoría alauí, a la que pertenece el clan de Asad, controla el país.

Barein, por su parte, está dirigido por una monarquía suní, aunque el 60% de la población es chií.

Con su apoyo al régimen de Asad, Ahmadinejad pretende evitar que también Damasco caiga en manos suníes y mantener el crecimiento chií que va de Irán al mediterráneo pasando por Irak, Líbano y Siria.

Barein está también en pleno centro de las tensiones, puesto que se sospecha que Teherán apoya la revuelta chíi contra la monarquía suní.

Un apoyo en la sombra que ha hundido las relaciones entre Irán y Arabia Saudí y las otras monarquías del Golfo.

Irán intenta mantener y acentuar su influencia en la región impulsada por el cambio de gobierno de Irak en 2005. Los países de mayoría suní intentan frenarle.

Una guerra fría que podría degenerar en cualquier momento. De ahí la importancia de un deshielo en las relaciones de las potencias regionales enemigas.