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Una nebulosa de intermediarios en el escándalo de la lasaña de caballo

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Una nebulosa de intermediarios en el escándalo de la lasaña de caballo

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El escándalo de la carne de caballo en lasañas Findus aparentemente de ternera obedece a una compleja lógica de intermediarios europeos. Hay quien ya la ha bautizado como las ‘subprimes’ de la alimentación. Entre la carne de caballo, que se sabe originaria de Rumania, hasta los supermercados en el Reino Unido esta carne circuló por otros dos países, un par de empresas subcontradas y dos agentes comerciales.

“En mi conocimiento, no se trata de una problema de seguridad alimentaria y, por tanto, no hablamos de un escándalo alimentario”, precisó el comisario europeo de Mercado Interior Michel Banier. “Pero es un escándalo. Y hará falta que la justicia sea implacabable con los que han cometido este fraude”.

Según las autoridades francesas, la carne llegó a este país a través del grupo Spanghero cerca de Montpellier previa comercialización primero de un agente holandés y, después, de otro chipriota. Spanghero la vendió al también francés Comigel para que una filial suya la cocinara en una fábrica de Luxemburgo. Y Comigel la vendió, finalmente, a Findus. El gobierno rumano se queja de que se les señale con el dedo.

“Esta tendencia de hacer recaer la responsabilidad lo más lejos posible, hacia los nuevos miembros de la Unión Europea, hacia países que no son tan fuertes en relaciones públicas, me exaspera”, criticó el primer ministro, Victor Ponta.

La dificultad, en este caso, es saber quién hizo el cambio en la etiqueta de caballo a ternera. Lo que es cierto es que la carne de caballo es actualmente un treinta por ciento más barata en Rumanía y algunos de estos intermediarios han ganado dinero con ello.