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Temporeros africanos en Calabria: los esclavos del siglo XXI

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Temporeros africanos en Calabria: los esclavos del siglo XXI

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En la campaña electoral italiana no se ha hablado de ellos, pero son decenas de miles y viven en condiciones inhumanas.

Es el ejército invisible de temporeros africanos que cada año recorren las regiones del sur de la bota, siguiendo las temporadas de las cosechas, explotados e ignorados por las autoridades competentes.

Es un fenómeno que se repite todos los inviernos desde hace 20 años, pero los temporeros extranjeros que van a Calabria a recoger naranjas se encuentran con condiciones de vida cada vez peores.

Hace tres años, la explotación de estos trabajadores desencadenó serios disturbios en Rosarno. De vuelta a la ciudad, comprobamos que las cosas no han evolucionado.

De octubre a marzo cerca de 4 mil temporeros, la mayoría africanos, viven en condiciones inhumanas, en silos o fábricas abandonadas, sin baños ni camas o en campamentos como este. Trabajan diez horas al día y mantienen vivo un sector económico estrangulado por los precios globales. Para muchos, son los esclavos del siglo 21.

TOUNDA:
Me voy a la aventura, porque el trabajo no está garantizado…si encuentro algo bien, y si no… “

Tounda nos cuenta que va a Rosarno. Si tiene suerte, le contratarán para un día y le pagarán 25 euros.

Amnistía Internacional es una de las organizaciones que ha denunciado la explotación de los trabajadores extranjeros en Italia. Asegura que cobran menos del 40% del salario mínimo establecido.

Pero además de las malas condiciones laborales, conseguir contratos es misión casi imposible y aún lo es más ahorrar.

Toure. temporero:
“Dos días trabajas, tres no, asi que lo que ganas te lo tienes que gastar los días que no trabajas”

En esta zona de la región de Calabria, la industria de la naranja ha sido el principal medio de subsistencia para gran parte de la sociedad.

En la década de los 80 era una manera fácil de hacer dinero, pero ahora es un sector marginal de la economía global.

Los cerca de cinco mil agricultores que en su día exportaban a Rusia y a Estados Unidos, ahora tienen que aceptar el precio establecido por los escasos compradores. Coca cola, por ejemplo, paga 8 céntimos de euro por un kilo de zumo.

Sin la mano de obra extranjera, la única alternativa posible es no recoger la fruta y dejar que se pudra en el suelo.

Fabio Mostaccio. Sociólogo de la Universidad de Messina:
“Los agricultores tienen que aceptar los precios establecidos por las grandes multinacionales y de las grandes cadenas de distribución que los imponen y se niegan a cambiarlos. Ese es el origen del fenómeno de la explotación de los temporeros extranjeros. Sucedía hace 50 años y sigue sucediendo ahora, pero antes eran temporeros locales y ahora son extranjeros”

No cabe duda de que la mano de obra a precio de saldo es un balón de oxígeno para la economía local y un motor indispensable para la agricultura: pero sin una acogida adecuada, los temporeros se convierten en un ejército de desheredados invisibles.

El campamento que construyó en febrero del año pasado el Gobierno ha duplicado su tamaño inicial espontáneamente. Aquí vivían más de 700 trabajadores, pero en diciembre tras una semana de fuertes lluvias, el alcalde tuvo que pedir ayuda:

Domenico Madafferi. Alcalde de San Ferdinando:
“Pedí ayuda inmediatamente. Escribí al prefecto, al presidente de la región de Calabria, a otras instituciones, pero no respondió nadie. No tuve elección, me vi obligado a desalojar el campamento”

Pese a lo urgente de la situación, pasaron más de dos meses hasta que se reunió lo suficiente para organizar otro campamento.

Vittorio Piscitelli. Prefecto de Reggio Calabria:
“No podíamos dejar que las cosas siguieran así invierno. Las tiendas que tenían cubierrtas de lonas no sirven en invierno, asi quedecidimos hacer un esfuerzo y dejarles usar estas tiendas de campaña previstas para catástrofes”.

Algunas ONGs se muestran muy críticas con la forma en la que los poderes públicos gestionan este asunto, reaccionando sólo ante las emergencias:

Arturo Lavorato de la ONG Africacalabria:
“Lo que no hacen son intervenciones estructuradas. La única intervención a largo plazo es la creación de una aldea solidaria de casas prefabricadas que es una estructura de segregación, lejos del centro urbano, y que será pronto un ghetto. Con el dinero que ha costado se podrían haber habilitado alojamientos en la zona”

Hasta el próximo mes de junio, cuando se supone que se desmantelarán los campamentos, los temporeros africanos seguirán abandonados a su suerte.

En caso de enfermedad, su único asidero es este autobús.

La ONG que lo gestiona está también presente en Afganistán y en Irak.

Atienden cotidianamente a cerca de 40 enfermos. Los males más frecuentes son dolor de espalda, artritis, gastroenteritis, insomnio.

Para esta organización, Rosarno es otro lugar poblado por los invisibles: el ejército que trabaja en Europa y que el Viejo Continente prefiere no ver:

“Hay un verdadero ejército de temporeros extranjeros que se mueve en función de las cosechas. Antes estuvimos en Foggia, en Basilicata, en Sicilia y en Campania para la recogida de tomates. Cuando todo acaba se van a Calabria”