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Un nuevo Papa capaz de afrontar los desafíos de una Iglesia en crisis

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Un nuevo Papa capaz de afrontar los desafíos de una Iglesia en crisis

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¿Quién se asomará al balcón del Vaticano dentro de unos días, siete años después de que lo hiciera Joseph Ratzinger?, y ¿qué dirección tomará la Iglesia católica?

Una iglesia con varias crisis abiertas y que, al menos en eso los expertos vaticanistas parecen de acuerdo, necesita un líder carismático. Como lo fue Juan Pablo II quien en sus 27 años de pontificado dejó una huella indeleble en la institución.

La Iglesia hoy necesita un líder que pueda afrontar sus flaquezas y recuperar influencia. Como se esperaba, el pontificado de Benedicto XVI ha sido el de la continuidad al de su predecesor. Pero el mundo ha cambiado, y el nuevo Pontífice deberá abordar reformas cada vez más necesarias en el seno de la Iglesia, según ha trascendido de lo tratado en las congregaciones generales celebradas antes del cónclave por los cardenales electores.

Entre los desafíos urgentes está una reforma integral del gobierno vaticano y la disposición de sus ministerios para hacerlos más funcionales, limpiar de corrupción y conspiración los pasillos vaticanos tras el escándalo Vatileaks y recuperarse del grave daño provocado por los casos de pederastia. Hará falta un Papa con un pasado impoluto y una fuerte autoridad personal que consiga pasar página a décadas de silencio cómplice que ni la tardía condena y petición de perdón de Benedicto XVI han conseguido borrar.

La pérdida de fieles y de vocaciones en Europa y Estados Unidos no consigue equilibrarse ni siquiera con el crecimiento de las comunidades católicas en África y Asia. Occidente reclama una postura oficial ante la bioética o que se afronte de una vez por todas, sin miedos, el papel de la mujer en la Iglesia.

Jornadas Mundiales de la Juventud, como la de 2011 en Madrid, organizadas por la Iglesia católica cada tres años con carácter internacional prueban la atención puesta en los jóvenes. El nuevo Papa tendrá que hablar un lenguaje moderno, capaz de conectar con los hijos de católicos practicantes que hoy no van a misa ni acaban de entender los privilegios fiscales de los que goza el ingente patrimonio de la Iglesia católica países como España.

El gran acontecimiento de nuestra Era Moderna en el ámbito de la Iglesia fue el Concilio Vaticano Segundo, convocado por el Papa Juan XXIII y seguido y clausurado por el Papa Pablo VI. Una puesta al día de la Iglesia que salió renovada tras revisarse en forma y fondo. Pero de eso hace ya medio siglo.

El propio Benedicto XVI declaraba recientemente que era demasiado pronto para un Concilio Vaticano Tercero. Pero lo cierto es que si algo ha conseguido su renuncia, es abrir una reflexión sobre la situación actual de la Iglesia. Entre los cardenales electores y los fieles de todo el mundo, que confían en que el Espíritu Santo ilumine de fuerzas al nuevo Papa para encarar todos los frentes abiertos sin que le tiemble el pulso.

Euronews:
¿Teme la iglesia un pontífice demasiado jóven y un pontificado demasiado largo?

Giacomo Galeazzi:
El ejemelo es sería el caso del Karol Wojtyla, que fue elegido Papa con 58 años, y ha sido jefe de la iglesia durante un cuarto de siglo. Cuando Benedicto XVI ha renunciado a su puesto ha indicado que la Iglesia necesita más energía, más fuerza y más vigor. Así que la juventud no es un impedimento. Lo más importante será, sobre todo, la orientación, la capacidad de gobierno y como no la capacidad de comunicar.

Euronews:
Cuales son los desafíos de la iglesia católica para reconquistar a sus fieles, sobre todo a esos de lo que llamamos Primer Mundo?

Giacomo Galeazzi:
Es muy siginificativo que Benedicto XVI haya creado el miniestrio vaticano para la Nueva Evangelización. Es decir, que Occidente, que durante siglos ha sido el lugar del que partían los misionerios, se ha convertido en un lugar de nueva evangelización. Ahora vienen del sur del mundo para reevalgelizar. En este sentido, creo que el proyecto futuro pasa por hablar no sólo con las demás religiones, sino también con los agnósticos. Eso lo ha hecho muy bien Benedicto XVI que consideraba ese como un nuevo terreno de confrontación para la iglesia. Él mismo ha dicho que es mejor terner agósticos que se hagan preguntas que falsos fieles, fieles que sólo aparentan tener fé. Es ahí, ante la nueva secularización, ante las nuevas formas de relativismo donde el Papa puede jugar un rol fundamental porque Europa será cristiana o no séra.

Euronews:
¿Cuál será el peso del tristemente célebre dossier sobre los escándalos de la Iglesia, ordenado por Ratzinger a los tres cardenales y que deberá ser entregado sólo al sucesor de Benedicto XVI?

Giacomo Galeazzi:
Entre los últimos actos de su pontificado, Joseph Ratzinger se ha reunido con los tres cardinales que se ocupan de los dossieres del caso Vatileaks y les ha autorizado a exponer en las congregaciones generales a los otros cardinales los resultados de su investigación . Esto es un acto de apertura. El texto será entregado al próximo Papa, pero los nuevos cardenales pueden informarse directamente por los investigadores que han conducido las investigaciones sobre el Vatileaks. Pueden saber el resultado de esas investigaciones. Creo que esto es muy importante. Es por eso que la gente en la curia quiere comenzar el cónclave los más rápido posible. Cuanto más tiempo pase, más cardenales de fuera de la curia pueden enterarse de lo que ha pasado en realidad en el caso Vatileaks y menos posibilidades existen de que un miembro de esa Curia se convierta en Papa. Hay que recordar que si la decisión se alarga los cardenales que son favoritos en principio podrían perder esa condición. Eso ocurrió con el caso de Wojtyla, que era un ‘outsider’ y acabó siendo el primer Papa en medio milenio en alcanzar ese puesto sin ser italiano.