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El cónclave decide entre un administrador o un pastor para dirigir la Iglesia

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El cónclave decide entre un administrador o un pastor para dirigir la Iglesia

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Comienza la cuenta atrás. Mientras los cardenales eligen al sucesor de Benedicto XVI, el resto del mundo mira hacia el Vaticano. La incertidumbre es total. Hacía décadas que no se vivía una situación similar. No hay ningún favorito y nadie sabe cuánto tiempo durarán las votaciones. El cónclave ha de elegir a la persona adecuada para solucionar los problemas que afligen a la Iglesia Católica.

Todo comenzó con el anuncio sorpresa del pasado 11 de febrero. La renuncia del Papa cogió a todo el mundo por sorpresa, incluyendo a los cardenales electores que ahora tienen en sus manos el destino de la Iglesia.

“Con absoluta libertad renuncio al obispado de Roma”, decía Benedicto XVI hace un mes. “Y al trono de San Pedro que los cárdenales me confiaron el 19 de abril de 2005. Dejaré de ser Papa el próximo 28 de febrero a las ocho de la tarde”, concluía.

Poco antes de que las puertas de la Capilla Sixtina se cerraran para celebrar el cónclave, los cardenales dudaban entre la conveniencia de elegir a un buen administrador para dirigir el Vaticano o a un pastor que sepa conducir al rebaño. El decano del Colegio Cardenalicio, Angelo Sodano, se expresaba de la siguiente manera: “Imploramos al Señor, para que a través de esta solicitud cardenalicia nos conceda un nuevo pastor que asuma la responsabilidad de dirigir la Santa Iglesia”.

En total hay 115 electores encomendados a Dios para elegir al nuevo Papa. Un sumo Pontífice que sea capaz de dirigir la Iglesia desde dentro, pero que también llegue al corazón de los fieles. Una parte del colegio respaldaría a Angelo Scola, el afable arzobispo de Milán, un italiano que no pertenece a los organos de gobierno de la Santa Sede y que agradaría a los reformistas, inquietos desde hace tiempo por los deslices de la burocracia Vaticana.

La Curia, por su parte, junto a los cardenales latinoamericanos, apostaría por Odilo Pedro Scherer, miembro de la Comisión de Finanzas del Vaticano, que posiblemente optaría por un italiano como su segundo de a bordo para complacer a Roma.

Y, por último, el campo pastoral se inclinaría por los cardenales norteamericanos, ya sea el arzobispo de Nueva York, Timothy Dolan, o el de Boston, Sean O’Malley. Eso sin olvidar al canadiense Marc Ouellet, que tiene el respaldo de la oficina vaticana que nombra a los obispos.