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Ceremonia de inicio del pontificado de papa Francisco

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Ceremonia de inicio del pontificado de papa Francisco

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El obispo de Roma ha asumido el trono de Pedro esta mañana en una ceremonia cargada de símbolos y tradición, pero a la vez el boato reducido a su mínima expresión dentro de lo que es la Iglesia y el Vaticano.
Los actos arrancaban en el interior de la Basílica de San Pedro, a la que entraba papa Francisco para orar ante la tumba del apóstol San Pedro. El argentino Jorge Mario Bergoglio, de 76 años, designado la semana pasada pontífice latinoamericano y primer pontífice jesuita de la Iglesia, bajaba a la cripta bajo el altar central de la Basílica para rezar junto con los patriarcas y arzobispos mayores de las Iglesias católicas orientales ante la Tumba del Pescador de Hombres, San Pedro.
Tras el rezo, el papa, los patriarcas y los arzobispos mayores católicos de rito oriental y los cardenales salieron en procesión hasta el altar de la plaza que a la Basílica, donde se oficiaría la misa y donde, según la tradición, fue martirizado San Pedro.

Allí el cardenal protodiácono, Jean Louis Tauran, colocó al papa Francisco el palio sobre los hombros, una estola hecha con piel de cordero y ovejas y que lleva bordadas cruces rojas, antigua insignia episcopal que recuerda al Buen Pastor que sobre sus hombros lleva la oveja perdida.

El cardenal decano, Angelo Sodano, le entregaba después el anillo del Pescador (ya que Pedro es el apótol ‘pescador’) que lleva su efigie con las llaves. El papa Francisco ha elegido que su anillo, a diferencia del de otros papas incluido Benedicto XVI no sea de oro, sino de plata dorada.
Un signo de sobriedad que ha prevalecido durante toda la celebración, con la lectura del Evangelio en griego como en las solemnidades más importantes para manifestar que la Iglesia universal se compone de las grandes tradiciones de Oriente y Occidente, y un rito simplificado para no hacerlo demasiado largo en el que no hubo procesión de ofrendas ni el papa distribuyó la comunión: lo hicieron los diáconos y sacerdotes distribuidos por sectores entre la gente.

Delegaciones de 130 países asistían a la ceremonia que arrancó con el sonido de las trombas de plata: sonaba el “Tu es Petrus” y el papa entraba en la basílica a las nueve menos diez de la mañana, tal y como estaba previsto.
Fuera, una multitud había comenzado a congregarse durante la noche para poder seguir la ceremonia y recibir al papa Francisco, que hizo su entrada en la plaza de San Pedro en el “papamóvil” descubierto, en medio de los aplausos y ‘vivas’ de los miles de fieles presentes. Cientos de banderas ondeaban al fondo, entre ellas muchas argentinas, además de pancartas de movimientos eclesiales y otras de bienvenida.