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Hirscher: un premio a la constancia

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Hirscher: un premio a la constancia

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Pocos esquiadores en la historia pueden presumir de tener un bagaje como el del austriaco Marcel Hirscher. Su mérito va más allá si cabe debido a su juventud: tiene solo 24 años, lo que hace presagiar que sus éxitos se prolongarán en el tiempo.

Si en categoría femenina el nombre propio de la temporada que acaba de terminar en la Copa del Mundo de esquí alpino fue el de Tina Maze, en hombres sin duda el gran protagonista fue Marcel Hirscher.

El austriaco revalidó su título de campeón de la Copa del Mundo, haciéndose además con el Globo de Cristal en la modalidad de eslalon.

Aunque su victoria matemática fue un poco descafeinada porque no se produjo como tal sobre la pista, sino por la renuncia de Svindal a competir en las últimas pruebas, lo cierto es que eso no le resta mérito.

Sobre todo porque su principal baza ha sido la constancia. Ha firmado 18 podios en total, pero donde mejor ha rendido ha sido en la modalidad de eslalon. Hirscher se mantuvo entre los tres primeros en todas las pruebas, consiguiendo cinco triunfos, cinco segundos puestos y un tercero, además de ganar el eslalon paralelo de Moscú. Esos registros le equiparan con el mítico Alberto Tomba, que también consiguió estar en todos los podios de la disciplina en la temporada 1991-1992.

En total, el austriaco acumula 16 victorias en la Copa del Mundo desde que inaugurara su palmarés en el año 2009 en Val d’Isère, Francia.

Al final, Hirscher sumó 1.535 puntos, 309 más que su más inmediato perseguidor, el noruego Svindal. Unos números para enmarcar en una temporada en la que el austriaco, ídolo en su país y en su Salzburgo natal, también ganó dos oros en los Mundiales de Schladming: uno por equipos y otro individual, cómo no podía ser de otra forma, en su modalidad favorita: el eslalon.