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En Siria la propaganda no tiene edad

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En Siria la propaganda no tiene edad

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En Siria los menores de edad también son armas. Utilizadas por adultos, claro está.

Convertidos en muchos casos en instrumentos de propaganda, de conveniencia, con unos propósitos poco claros y de dudosa legitimidad.

Tomemos el caso de Nesma, por ejemplo. Tiene 12 años y es conocida en la ciudad de Alepo como la voz de las marchas de protesta de cada viernes organizadas por el grupo Al Nusrah.

Hoy ha venido a alistarse con los combatientes armados del Ejército Libre de Siria en el frente de Ezzaa. Su nerviosismo es evidente.

El comandante Abu Ali le da algunas consignas, le presenta a su familia. Realizadas las formalidades, Nesma se dedica a lo que sabe hacer mejor: cantar.

Le canta a los combatientes para, después, desplazarse al frente del aeropuerto.

Evitando a francotiradores o cruzando por entre las paredes horadadas de casas abandonadas por la guerra para llegar a la primera línea. Un buen lugar desde el que arengar a los rebeldes.

Y al final del intenso día, el canto victorioso hacia el refugio seguro.
Algo que forma parte ya de su rutina. Como también siguen formando parte de su rutina las más pequeñas cosas cotidianas, a veces olvidadas en este lugar.

Pero no todos los niños de este país juegan con armas, ni sueñan con ir al frente como Nesma. Por suerte para el futuro de Siria, la guerra no ha podido arrebatar todavía la inocencia de la mayoría.