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Doce años después del 11-S, el terror vuelve a Estados Unidos

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Doce años después del 11-S, el terror vuelve a Estados Unidos

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Cuatro horas después del pistoletazo de salida del maratón de Boston, dos explosiones cerca de la línea de meta dejan tres muertos y más de un centenar de heridos. El acontecimiento deportivo que debía ser una fiesta para los participantes, sus familias y los espectadores se transforma en un escenario de caos y horror.

Los responsables de la policía piden a la población que se quede en sus casas y el presidente Barack Obama anuncia que las medidas de seguridad serán reforzadas:

“ Todos los recursos del Gobierno Federal están a disposición de las autoridades locales para que les ayuden a proteger a nuestra gente, para que se incrementen las medidas de seguridad en todo el país y para investigar lo sucedido”, dijo Obama.

Tanto en Boston como en Washington, Nueva York, y las otras grandes ciudades del país, los servicios policiales decretan el estado de máxima alerta. La Casa Blanca habla de acto de terrorismo. La conmoción y la psicosis vuelven a sacudir el país, como se desprende de las declaraciones de estos testigos presenciales de los hechos:

“Vimos la primera detonación, había gente que saltó por los aires, y luego llegó la otra explosión”

“Había muchas familias a nuestro alrededor con niños gritando y llorando”

“Fue un estruendo terrible, fortísimo, y luego, el caos absoluto por todas partes”

Un caos que hace que los estadounidenses vuelvan 12 años atrás, con imágenes de pánico y desconcierto que la población esperaba no revivir nunca. Fue el 11 de septiembre de 2001. Los atentados contra las Torres Gemelas que costaron la vida a tres mil personas son los últimos perpetrados contra Estados Unidos y los más traumáticos. En aquella ocasión, la reivindicación viene del exterior. El terrorismo islamista se atribuye la autoría de los atentados que marcan un antes y un después a escala mundial.

Pero Estados Unidos también ha sido blanco de ataques procedentes del interior. Como en 1995, cuando un coche bomba explota frente a un edificio federal en Oklahoma, acaba con la vida de 168 personas y deja más de 500 heridos. Timothy McVeigh, simpatizante de milicias y grupúsculos de extrema derecha es declarado culpable. El mismo movimiento es responsable, un año después, del atentado durante los Juegos Olímpicos de Atlanta que causa dos muertos. Son grupos cada vez más numerosos que inquietan a las autoridades, según un informe publicado en marzo. Se autodenominan “patriotas”, reclutan niños, tienen un arsenal considerable, son abiertamente racistas y antigobierno, sobre todo cuando los dirigentes se ocupan de la regulación de las armas.

Nuestro corresponsal en Estados Unidos, Stefan Grobe, se encuentra en Boston, en Boylston Street, donde tuvieron lugar las dos explosiones. Stefan, ¿qué atmósfera se respira en Boston? ¿Qué está pasando?

Stefan Grobe: Es una atmósfera muy, muy extraña. Por un lado, la ciudad está todavía en estado de shock y, por otro, como podéis ver a mi alrededor, la actividad parece normal. La mayoría de los corredores todavía están aquí. He hablado con varios europeos que ayer estaban en el maratón y dicen que mantienen sus planes de viaje. Quieren seguir aquí hasta el fin de semana y disfrutar de su estancia en la ciudad. Así que hay sentimientos encontrados en estos momentos en Boston.

euronews: El FBI y el jefe de la seguridad nacional dicen que no hay sospechosos y que no saben si esto es obra de terroristas estadounidenses o extranjeros ¿Qué sabemos, Stefan?

Stefan Grobe: La investigación policial todavía está en sus inicios. Ahora mismo están recopilando información. Están viendo los vídeos de vigilancia, las fotografías y las imágenes grabadas por la gente. Pero por ahora no hay ninguna pista clara.

euronews: El presidente Obama advirtió de que no deben sacarse conclusiones precipitadas, pero muchos estadounidenses, sin duda, ya lo habrán hecho. ¿Qué da más miedo a los estadounidenses, una amenaza interna o externa?

Stefan Grobe: “Es la pregunta del millón. Es muy difícil saber qué sería más duro más los estadounidenses: otro atentado relacionado con Al Qaeda o un ataque perpetrado en su territorio por un terrorista estadounidense. Nos viene a la cabeza el atentado de Oklahoma de 1995, que fue un auténtico shock para los estadounidenses. Y, por otro lado, la tragedia del 11 de septiembre. Los estadounidenses creían que esos días ya habían pasado. En los últimos diez años el miedo y la tragedia habían ido dejando paso a una especie de normalidad. Y ahora se dan cuenta de que el terrorismo ha vuelto, de que han vuelto los tiempos difíciles y los pensamientos oscuros. Así que es muy, muy difícil decir qué sería menos duro para ellos, un ataque de origen interno o externo”