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Skopie: construir lo nuevo de lo antiguo


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Skopie: construir lo nuevo de lo antiguo

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Desde hace unos años se ha puesto de moda: todo el que viene aquí no se va sin una foto del guerrero montado en un caballo, una estatua situada en la plaza principal de Skopie. Es Alejandro Magno, tiene 22 metros de altura y aquí está considerado como un héroe nacional. El cambio de imagen del centro de la capital está casi terminado aunque sin construcciones futuristas porque aquí el objetivo es mirar al pasado. El proyecto Skopie 2014 se centra en los héroes que han marcado su historia.

“Si tenemos grandes antepasados y no los enseñamos en la vida real, entonces estamos cometiendo un error no solo con ellos sino también de cara al futuro”, dice el arquitecto Vangel Bozinovski.

Desde que comenzó el proyecto el turismo se ha disparado. Multitud de curiosos vienen aquí atraídos por un centenar de monumentos y estatutas. Skopie ha conseguido lo que buscaba, que todos hablen de ella. La capital ha pasado de una arquitectura socialista austera a un estilo barroco y neoclásico.

“El estilo barroco fue destrozado, destruido y quemado a finales del siglo XVII. Es la primera ciudad barroca del imperio otomano y estamos intentando revivir esta idea”, explica Bozinovski.

80 estatuas adornan la ciudad. Los trabajos se han intesificado en los últimos años, sobre todo desde 2010. Y entre los grandes y célebres hombres hay también una pequeña mujer: la Madre Teresa de Calcuta, que nació aquí. Y hace cuatro años, Bozinovski decidió dedicar esta casa a la religiosa: “No es solo un proyecto arquitectónico, es mi admiración por el trabajo de la Madre Teresa como ciudadana de Skopie. Aquí se mezclan la parte profana y la espiritual de su vida. No es solo una casa sino le reflejo entero de la ciudad”.

Y muy pronto habrá otro monumento de 30 metros de altura en su memoria, regalo de un millonario de la India. Religiosa, albanesa y católica, la Madre Teresa representa toda esta mezcla característica de Skopie que perteneció a la antigua Yugoslavia hasta 1991. Los albanses representan una cuarta parte de la población del país y se concentran en el barrio de Carsija, donde está el antiguo bazar. Aquí nos encontramos con Akif, dueño de Destan, un lugar típico de Skopie. Desde hace cinco generaciones cocinan un solo plato, el famoso Kebapcinja. El local cumple ahora 100 años. Akif trabaja desde los 11. La ciudad, dice, ha cambiado mucho: “Esta ciudad fue antes el centro de la industria textil, es decir que los mayoristas de otras regiones se abastecían en el antiguo bazar. Todo comenzaba a las 6 de la mañana. Los comerciantes venían de otras ciudades y cogían el primer autobús de las cinco, luego se iban en el de las 11 y media de la mañana, así que tenían el tiempo justo para comerse un kebapcinja”.

El reloj de la antigua estación marca para siempre las 5 y 17 minutos. A esa hora 23 de julio de 1963, hace 50 años, un terremoto destruyó gran parte de la ciudad. Este edificio no se ha restaurado y ahora es un museo. Lo poco que queda se conserva, como este viejo puente otomano o los baños turcos, convertidos también en un museo. Olgica Giorgieva viene aquí para inspirarse en sus creaciones. Esta diseñadora se fija en la historia y en la riqueza del patrimonio: “Skopie ha conseguido tener una semana de la moda que se celebra dos veces al año, desde hace cuatro años. La tradición debe servir como base incluso para el futuro y desde luego no hay que olvidar el saber hacer ancentral, en cualquier nuevo proyecto guardo en la memoria mis orígenes”.

Cae la tarde sobre la fortaleza Kale, construida hace 14 siglos y que vela por sus 700 000 habitantes. Se escucha jazz cerca, en un restaurante moderno. Toni Kitanovski está considerado como el padre del jazz macedonio y toca esta noche aquí. Después de pasar 10 años en Boston, ha vuelto a vivir en Skopie: “Algo que es único para mi es que siempre me siento bien cuando vengo aquí. Yo viajo mucho y distingo dos tipos de ciudades: las ciudades felices y las que no lo son. Y Skopie es una ciudad feliz”.

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