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Todos somos responsables de la tragedia de Bangladés

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Todos somos responsables de la tragedia de Bangladés

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La tragedia de Bangladés ha generado una ola de mala conciencia en Occidente: algunas marcas se han comprometido a pagar indemnizaciones a las víctimas, la Unión Europea prevé acciones comerciales con Dhaka y los consumidores se sienten engañados por la tentación de la ropa barata.

“No deberíamos comprar productos fabricados en esas condiciones. Yo soy responsable de lo sucedido. Tú también lo eres si compras. Al igual que Bangladés, los obreros tienen que trabajar bajo una mayor seguridad”, decía una vecina de Londres.

Bangladés ha desarrollado su industria textil con el objetivo de competir con sus vecinos. Para ello ha creado unas condiciones laborales de semiesclavitud. Salarios de 30 euros mensuales, tres millones de obreros, la mayoría mujeres, que trabajan en 4.500 fábricas apodadas “talleres de miseria”.

Esta precariedad ha convertido el país en el segundo exportador textil del mundo, detrás de China.

La Unión Europea compra el 60% de las exportaciones textiles de Bangladés y las cifras no dejan de aumentar. En 2011 representaban 8.000 millones de euros y el año pasado 600 millones más. Los principales mercados dentro de la Unión son Alemania, Reino Unido, España y Francia.

Una de las razones de esa relación es el acceso preferente de Bangladés al mercado comunitario. Según el analista, Bryan Robert, la UE tiene su parte de responsabilidad en esta tragedia, “creo que corresponde a las instituciones como la Unión Europea, o a las autoridades locales de economías con salarios bajos hacer que las buenas prácticas sean respetadas”.

No es la primera vez que ocurre en la industria textil de Bangladés una tragedia como la del 24 de abril. En noviembre de 2012, tuvo lugar un incendio en una fábrica que no tenía licencia y que había ignorado dos avisos. El balance, 122 muertos. La fábrica producía ropa para el gigante estadounidense Walmart.

Este drama provocó manifestaciones de los obreros textiles y también una advertencia de la Unión Europea al Gobierno de Bangladés para que el país se adhiera a las normas de la Organización Mundial del Trabajo.