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La crisis pasa factura al festival de Eurovisión

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La crisis pasa factura al festival de Eurovisión

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Ser kitsch no siempre es barato. Y la prueba es el concurso de la canción de Eurovisión. Azerbayán lo organizó el año pasado y se gastó la friolera de 34 millones de euros en la gala, eso sin contar los 75 millones extra que costó construir el recinto donde se organizó el concurso, aunque al menos ese edificio podrá utilizarse en el futuro. ¿Es el fin de la extravagancia?

La crisis económica que sacude a Europa ha hecho mella en el festival de la canción. Suecia, que organizá el evento este año, ha anunciado un severo recorte en el presupuesto. Sólo se gastará 15 millones en la gala, la mitad que Azerbajan.

Aunque los cambios no se deben sólo a la presión financiera. Los organizadores suecos dicen que quieren recuperar el espíritu de antaño y centrarse más en la música que en el espectáculo. El año pasado vieron el concurso de Eurovisión más de 125 millones de personas.

Las rivalidades entre países ha elevado los costes, al utilizar cada uno de los participantes las últimas tecnologías escénicas para deslumbrar al jurado. Y todo ello lo paga el país anfitrión. La factura es tan abultada, que algunos de los países más entusiastas del certamen han decidido no presentarse este año. Es el caso de Bosnia-Herzegovina, Polonia, Portugal y Eslovaquia, que no acudirán a esta edición por temor a que sus representantes ganen y tengan que organizar el concurso el año que viene.