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Aire nuevo para los museos

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Aire nuevo para los museos

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Los barcos vikingos de este museo de Oslo cuentan una parte importante de su historia. Se consideran los barcos mejor conservados del mundo pero estas reliquias pueden también sufrir daños, en este caso del aire. Porque el aire contiene contaminantes invisibles, destructivos y raramente detectados. Y el aire también está en los museos.

“Hay algo dentro del cristal y no sabemos lo que es. Y ahora, claro, queremos saber si es polvo, de qué tipo. Queremos saber lo que es peligroso y lo que no”, dice Anne Sommer-Larsen, consevadora del Museo de Historia Cultural.

Este misterioso polvo ha llevado a los conservadores del museo a probar un nuevo tipo de dosímetro. El instrumento es el resultado de una investigación europea que tiene como objetivo alertar de la contaminación antes de que haya un efecto visible en los objetos. Este estudio en el Museo de Historia Cultural dirá si los contaminantes del aire podrían ser los responsables de la degradación de los materiales expuestos.

“Este zapato perteneció a un esquimal de Canadá. Ha estado aquí muchos años y está rígido, casi no se puede doblar. Podría deteriorarse tanto que ni siquiera podríamos tocarlo así”, destaca Anne Sommer-Larsen.

El prototipo se ha desarrollado en el Instituto Noruego para la Investigación del Aire (NILU). Hasta ahora cuando se hacían estudios en los museos se medía la luz, la temperatura y la humedad, pero no los contaminantes del aire que son el origen de este proyecto.

“Muchos museos no han tenido la oportunidad de realizar los controles relativos a la contaminación del aire. Probablemente porque estas herramientas no han estado disponibles hasta ahora. Es posible que fuera porque era muy caro hacer este tipo de controles y también porque no son totalmente conscientes de este problema”, explica Elin Dahlin, arqueóloga del NILU.

Este dosímetro permite obtener los resultados finales en el mismo sitio donde se han tomado las muestras. Antes los especialistas tenían que utilizar dos sensores diferentes y enviarlos a varios laboratorios para analizar los datos.

“La novedad del dosímetro ‘Memori’ es que combina dos dosímetros que se han desarrollado previamente: uno es sensible a los ácidos del ambiente y el otro capta los contaminantes. Combina los resultados de los dos dosímetros en un solo instrumento de pequeñas dimensiones”, dice Terje Grøntoft, químico del NILU.

“Los conservadores de los museos podrán ver el resultado en la pantalla del ordenador, con señales de colores. Aparece una luz verde si hay una buena calidad del aire, amarilla si hay algún problema y roja si hay algún riesgo”, añade Terje Grøntoft.

Estos recipientes recogen experimentos que se están desarrollando en el Instituto Noruego para la Investigación del Aire, contienen materiales orgánicos expuestos a los contaminantes del aire en condiciones similares a las de los museos.

Con esto los investigadores pretender estudiar cuidadosamente los efectos de la contaminación sobre los objetos y desarrollar métodos para proteger los bienes culturales y mejorar la calidad del aire en espacios interiores.

www.memori-project.eu