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Bayern de Munich: el lujo de ser campeón de Europa en una final vertiginosa

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Bayern de Munich: el lujo de ser campeón de Europa en una final vertiginosa

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Un campeón de cinco estrellas. El Bayern de Munich ha conquistado su quinta Liga de Campeones gracias al trabajo colectivo y a los tantos de un Mario Mandzukic semidesconocido para el gran público hasta hace poco tiempo y a Arjen Robben, un futbolista soberbio que por fin se ve reconocido con un gran título.

Quizás el 2-1 no hace justicia, o tal vez sí. Porque Bayern y Borussia Dortmund ofrecieron una excelente final, cuerpo a cuerpo, que hizo disfrutar a los aficionados. Al final los que tuvieron motivos para celebrar han sido los muniqueses, los que se han desplazado a Londres y los que vieron el duelo desde el Alianz Arena. Es su segundo gran título de esta temporada después de la Bundesliga.

También en la competición casera, como en Europa, han tenido que superar al Borussia. En Wembley, los de Klopp fueron digno rival y pudieron ganar. Sin embargo, el tanto de Gundogan de penalti se quedó cortó. Una lástima, porque por atrevimiento y alegría también habrían sido justos vencedores.

De hecho, en Dortmund confiaban y mucho en el hambre, la juventud y el fútbol de los suyos para buscar su segunda Liga de Campeones, pero tendrán que esperar, al menos hasta el próximo año.

La final tiene dos nombres propios. El primero es el de Robben. El veterano extremo holandés por fin levanta un gran título. La máxima competición continental era su asignatura pendiente y ya la ha aprobado. El otro es el de Heynckes. Segunda Copa de Europa para él que le convierte en uno de los grandes entrenadores de la historia del fútbol europeo.

Quizás en verdad mereció ganar el Bayern. O tal vez el Borussia Dortmund. O puede ser que los dos equipos, siendo justos, debieran haber partido la copa en dos y llevarse una parte cada uno. Ninguno quiso perder. Y eso, en una final de la Liga de Campeones, es de agradecer. Al final, fue el Bayern de Munich el que se llevó la victoria con un gol de Robben en el minuto 89. Decepción de los de Klopp, alegría en los de Heynckes. Satisfacción general para el fútbol europeo por el espectáculo visto.

La primera parte (y en general todo el encuentro) no tuvo un dominador claro. Tal y como estaba previsto, los dos equipos apostaron por ir hacia el área rival. Un lujo la velocidad de los para el ojo del espectador: ritmo vertiginoso, ocasiones y los porteros convertidos en protagonistas. Neuer y Weidenfeller. El del Bayern salvó ante Lewwandowski primero, después ante una clara ocasión de Blaszczykowski, luego desbarató otra oportunidad de Reus y más tarde otra Bender. Mucho peligro generado por parte del Borussia, con Gundogan lanzando al equipo y Lewandowski y Reus percutiendo una y otra vez.

En la otra portería, Weidenfeller también se erigió en un auténtico gigante para dejar en nada los intentos de Robben, muy activo pero poco acertado en los últimos metros. Los dos guardametas ganaban en sus duelos particulares a los atacantes.

La segunda parte prometía y no defraudó. A pesar del esfuerzo físico, el ritmo apenas decreció. Pero esta vez el balón fue menos esquivo con la red. En la primera oportunidad clara, después de una acción de Robben por la izquierda, Mandzukic, ese delantero alejado de los focos pero ‘casado’ esta temporada con el gol, adelantó a los de Heynckes. Era el minuto 60 y aún había 30 minutos por delante. Eso, para el Borussia, es un mundo. Y lo supo aprovechar. Asumiendo riesgos en la retaguardia, Klopp adelantó aún más las líneas y los problemas del Bayern fueron a más. Reus, un auténtico incordio, ese tipo de jugador que no consiente a su par un despiste en todo el encuentro, aprovechó que Dante llegó tarde al cruce con él para ‘robarle’ un penalti claro. Gundogan, engañando por completo a Neuer, estableció la merecida igualada (minuto 68).

Ninguno de los dos equipos tuvo miedo a perder. Eso, en un partido de tal magnitud, es loable. Tras el empate, las aproximaciones peligrosas no cesaron. Primero, con una oportunidad muy clara del Bayern que Subotic sacó bajo los palos ante la presencia amenazante de Robben. Y después, con un tanto anulado a Lewandowski por mano previa.

El intercambio de golpes pareció cesar por momentos, a la espera del pitido final de Rizzoli. Pero aún quedaban minutos. El símbolo muniqués, Schwensteiger, estrelló un tremendo zurdazo en los puños del guardameta del Dortmund. Fue el preludio de la fiesta bávara, porque solo unos instantes después, Arjen Robben, que había fallado lo imposible en la primera parte, aprovechaba un servicio de Ribery para hacer el tanto de la victoria superando en su salida a Weidenfeller (minuto 89).

El Bayern, un clásico del fútbol europeo, inscribe su nombre por quinta vez en el palmarés del máximo torneo continental. El Borussia, la gran revelación, se queda esta vez con las ganas. Pero esos futbolistas, por juventud, hambre, cualidades y proyección, tendrán otra oportunidad. El fútbol se la brindará. Se la merecen.