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Gas sarín: uso y orígenes

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Gas sarín: uso y orígenes

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Las sospechas sobre el uso de armas químicas en Siria comenzaron hace meses. El pasado abril, un reportaje de la televisión flamenca afinaba un poco más y hablaba ya de gas sarín. Para los facultativos de este hospital en Azaz, en el norte del país, no hay duda de que muchos de sus pacientes presentaban síntomas de envenenamiento por gas sarín.

“Les hemos administrado atropina como antídoto, señala este médico, y ha funcionado, hemos conseguido salvarles la vida”

La atropina es uno de los antídotos más eficaces a las intoxicaciones por organofosfatos, agentes neurotóxicos entre los que se encuentran gases como el sarín.

Desarrollado por los alemanes en los años 30, cuando intentaban crear nuevos pesticidas, el gas sarín es veinte veces más mortífero que el gas cianuro. Pese a su potencial destructivo, los nazis no lo llegaron a utilizar nunca.

Sin embargo todo indica que Sadam Hussein sí lo hizo en 1988 en una de las páginas más trágicas de la guerra de Irak: la masacre de la población civil de la ciudad kurda de Halabja. Al menos 5 mil hombres, mujeres y niños murieron asfixiados.

Inodoro, incoloro, insípido, y volátil el sarín puede convertirse en vapor y propagarse al medio ambiente. 50 miligramos bastan para matar en cuestión de diez minutos por asfixia.
Los síntomas que produce son dolor de cabeza intenso, tos, dificultades respiratorias, debilidad muscular, náuseas, parálisis, convulsiones, diarrea y paro cardíaco.

Durante la guerra fría, Estados Unidos y Rusia producen cantidades importantes. En 1991, la ONU prohibe su producción y uso y lo clasifica entre las armas de destrucción masiva.

En 1993, 162 países firman la Convención sobre la prohibición de armas químicas. Dos de ellos Israel y Myanmar, no lo ratificaron después, y seis naciones no llegan a firmarlo: Angola, Corea del Norte, Sudán Sur, Egipto, Somalia y Siria.

Hasta ahora, el ataque más espectacular con gas sarín se produjo en 1995 en el metro de Tokio a manos de la secta Verdad Suprema. Doce personas murieron y 5.500 resultaron heridas. El balance de víctimas mortales fue relativamente bajo debido a la mala calidad del producto utilizado.

Los países signatarios de la Convención del 93 se comprometieron a destruir sus reservas. Las grandes potencias como Estados Unidos y Rusia cumplieron lo establecido, pero se ignora cuántas toneladas de gas circulan o hay almacenadas.