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Exiliados iraníes en Turquía: buscando una grieta hacia la libertad

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Exiliados iraníes en Turquía: buscando una grieta hacia la libertad

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Kouhyar Goodarzi es uno de los blogueros y activistas pro derechos humanos más conocidos de Irán.

Tras pasar seis veces en prisión, decidió escapar tras la última estancia de nueve meses el año pasado, de los cuales pasó varias semanas sometido a aislamiento y a torturas.

Nos encontramos con él en Adana, al sur de Turquía.

“Crucé la frontera de forma ilegal, llevado por unos unos traficantes… Creo que tardamos unos ocho días en llegar desde una ciudad al noroeste de Irán hasta Ankara, en Turquía… Cruzamos ríos, con nieve, hielo, a través de las montañas. Los traficantes, además, eran gente muy violenta”, explica.

Refugiado desde el pasado invierno, espera que su demanda de asilo ante el Alto Comisionado de refugiados de la ONU sea aprobada.

Kouhyar es optimista: “Yo trato de hacer que los lugares donde estoy sean el sitio donde quiero estar: ya sea en prisión, o fuera de ella, en todos lados”, asegura.

Recuerda que cuando estaba en prisión escribía en las paredes de su celda un poema de Neruda:
“Quítame el pan / si quieres, quítame el aire,/ pero no me quites tu risa… “.

En libertad bajo fianza, aún le espera otra condena de cinco años en Irán por “propaganda contra el sistema y atentado a la seguridad nacional”.

Hossein Salmanzadeh, ex fotógrafo de la agencia de prensa oficial iraní (Fars) huyó hace cuatro años, tras recibir amenazas por haber vendido a medios de comunicación extranjeros algunas de las fotografías que tomó de las manifestaciones post-electorales de 2009.

“El Gobierno puede castigarme o matarme, si quiere. Porque según ellos, solo por envíar fotografías a otra agencia de noticias eres un espía del Mosad”, asegura.

“Han llegado a decirme que si quiero puedo volver. Dicen que pasas una semana en la cárcel, luego das una entrevista a la televisión y después ya no vuelves a prisión y puedes disfrutar de tu vida tranquilo, pero yo no puedo hacer eso!”

Hossein estuvo una primera vez como refugiado en Estados Unidos, pero no pudo encontrar trabajo. Ya de vuelta en Turquía, espera tener más suerte en Europa.

Turquía solo concede de forma temporal el estatuto de refugiado a los demandantes de asilo no europeos, a la espera de que el Alto Comisionado de la ONU para los refugiados, el HCR, los redirija hacia un tercer país.

En Eskisehir, localidad a unos doscientos kilómetros al oeste de Ankara, Saied, estudiante que también fue detenido por manifestarse contra el régimen, nos lleva a casa de Hamid Mafi y su esposa.

Mafi , cuya causa defendió Khouyhar cuando estaba en Irán, escribía en medios reformistas, lo que le valió varias detenciones, numerosos interrogatorios y dos condenas.

Finalmente, prefirió el exilio a la prisión, y ahora hace un año que espera respuesta a su demanda de asilo en Alemania.

Una incertidumbre que pesa cada vez más.

El periodista ya no confía en que la situación cambie en Iran tras las elecciones previstas para este 14 de junio.

“La sociedad civil o las redes sociales ya no existen, han sido aplastadas por la represión del régimen”, denuncia.

“Lo poco que queda vive en la clandestinidad y no creo que se manifieste durante estas elecciones. Por ejemplo, cuando la candidatura del reformista Rasfanjani fue invalidada a finales de mayo, nadie protestó, así que, sean cuales sean los resultados, me extrañaría que la población protestara o hiciera algo al respecto”, concluye.

Se trata de un sentimiento compartido por los refugiados más jóvenes que nos cruzamos en Eskisehir.

Aquí la vida no siempre es fácil para ellos, que no tienen derecho a trabajar, y sin embargo, no no tuvieron otra opción que partir.

Es el caso de Navid, activista pro derechos humanos, que se marchó hace dos años, tras pasar tres meses en prisión. En esa época tenía solo 18 años.

“Hace cinco meses mataron a un bloguero en prisión”, explica.

“Yo esperaba que los candidatos reformistas iniciaran una apertura, al menos en lo que se refiere al panorama político. Quizá, en ese caso, habríamos podido regresar a nuestro país, pero ahora… no lo creo”, lamenta.

De vuelta en Adana, tenemos una cita con Saghi, militante feminista que llegó a Turquía hace unos meses con su familia.

Nos explica que las leyes aprobadas en los últimos años solo empeoran la situación de la mujer en Irán,

“Se fijaron cuotas de mujeres en las universidades, y también se redujo el número de horas legales que podían trabajar. Como consecuencia, ya nadie quiere contratar a mujeres y por eso, están viéndose forzadas a quedarse en casa”.

“Además, desde la Administración se está potenciando legalmente la poligamia en Irán”, continúa, convencida de que “en los últimos ocho años y especialmente en los últimos cuatro, todo lo que ha ido haciendo el Gobierno va en detrimento de las mujeres”.

Saghi, que fue arrestada varias veces y privada de su empleo, se marchó tras participar en una misión de ayuda a las víctimas del terremoto que golpeó el noroeste de Irán el año pasado.

La presencia de voluntarios en la región fue considerada como un crimen contra la seguridad nacional, y muchos fueron detenidos y encarcelados.

Saghi se libró de ir a prisión, pero ella y su marido dejaron atrás todo lo que tenían.

“Cuando llegué aquí escribí un poema que decía así: ‘hubo un seísmo /y yo era el pájaro/ al que el viento robó su nido’”, recita.

También Kouhyar espera rehacer su nido, en su caso en Estados Unidos, una vez que acepten su demanda de asilo.

Quiere retomar sus estudios de aeronáutica, que debió dejar tras ser expulsado de la universidad, ya que considera su formación “un equipaje necesario para volver mejor preparado a Irán”.

“Cuando me concedan el asilo, seguiré mis estudios. Y mientras, continuarçe trabajando y con mi labor como activista. Después de eso quiero volver a Irán. Quiero estár en la sociedad para la que trabajo. Seré más útil allí, cuando llegue la hora”, dice.

Khouhyar cree que habrá un momento en que esté preparado para pagar el precio de su regreso a Irán.

“Quizá deberíamos volver a la realidad. Quizá hemos vivido dentro de un sueño demasiado tiempo, y puede que sea un bello sueño, pero no es real”, lamenta.

“Debemos ser realistas y ponernos en marcha, hacer cosas en la práctica, no solo en la teoría. Es importante saber que, aunque en Irán haya que pagar un precio por mobilizarse, cuanta más gente lo haga, menor será ese precio. Y en consecuencia, habrá aún más gente dispuesta a mobilizarse, incluso si hay que pagar un precio por ello”, considera.