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Irán versus Occidente: ¿compromiso o guerra?

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Irán versus Occidente: ¿compromiso o guerra?

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Irán siempre ha asegurado que sus actividades nucleares son exclusivamente civiles y que el Islam prohibe la fabricación de la bomba atómica. Pero Occidente nunca ha confiado en esas afirmaciones y ha inspeccionado con lupa cada una de las plantas nucleares del país, al menos a las que ha tenido acceso. Su principal exigencia es que el régimen de Teherán deje de enriquecer uranio y que mantenga una política de claridad absoluta con respecto a sus actividades nucleares.
¿Están las dos partes abocadas a un enfrentamiento sobre este asunto? ¿Conseguirán llegar a un compromiso o la guerra es el único horizonte posible?

Los poderes mundiales no quieren ni un Irán nuclearizado ni desatar una guerra contra Irán. Para resolver la crisis, la Unión Europea aboga por establecer un diálogo, Israel espera la luz verde de Washington para atacar las plantas iraníes y Estados Unidos insiste por ahora en una solución diplomática sin bajar el tono de las amenazas.

Barack Obama. Presidente de Estados Unidos:
“Todas las opciones están sobre la mesa para alcanzar nuestros objetivos. Estados Unidos hará lo necesario para evitar que Irán se dote de armas nucleares”

Amenazas que van acompañadas de sanciones de una dureza sin precedentes. Además del embargo al crudo iraní, recientemente Obama, firmó una orden ejecutiva que, por primera vez, autoriza a imponer sanciones a instituciones financieras extranjeras que a sabiendas lleven a cabo o faciliten transacciones significativas para la compra o venta del rial iraní. También ha bloqueado las transacciones financieras de Irán en los mercados mundiales.

Teherán contraataca amenazando con cerrar el Estrecho de Ormuz si las sanciones se vuelven intolerables. Alrededor de un tercio del petróleo que consume el mundo pasa en buques por ese brazo de mar, uno de los puntos estratégicos de mayor importancia del planeta. Su cierre podría suponer un desabastecimiento de crudo en el mundo de consecuencias imprevisibles.

Preparando esa opción, Irán ha sustituido los misiles anti-buque de origen estadounidense por los Yingyi-82 chinos, menos vulnerables a la interceptación, además de producir sus propios misiles.

También ha multiplicado el número de lanchas rápidas y de plataformas desde las que se puede sembrar minas o atacar a las unidades navales. Pero todo ataque a un petrolero extranjero o el cierre de sus puertos significaría una oleada de represalias inmediatas por parte de Occidente.

Estados Unidos y sus aliados, que ya han materializado su salida de Irak y preparan la retirada de Afganistán en 2014, no parecen dispuestos a involucrarse en otra guerra. Washington aún no se ha recuperado de la factura de la guerra que ha librado contra el terrorismo.

Muchos analistas consideran en cambio que Israel podría dar el primer paso.
El primer ministro, Benjamin Netanyahu, habló de una línea roja frente a Naciones Unidas el pasado septiembre, con un elocuente dibujo en la mano. En aquella ocasión, aseguró que este verano Irán dispondrá de su primera bomba atómica.

Aunque nunca lo ha reconocido, Israel posee sus propias ogivas nucleares y no ha firmado el Tratado de no proliferación. Entre los dos países, la guerra dialéctica estalló ya hace meses.

El Guía Supremo, el ayatolá Jamenei, conestaba así a las declaraciones de Netanyahu:
“Al mínimo paso en falso por parte de Israel, la República Islámica reducirá a escombros Tel Aviv y Haifa”

euronews:
“En caso de que se produzca una confrontación militar, ¿de qué bazas dispondría Irán, Estados Unidos y sus aliados? la principal es su influencia y su capacidad de presión.”

Estados Unidos y sus aliados tienen un peso considerable en las principales organizaciones internacionales, como la ONU, el Consejo de Seguridad, el Banco Mundial o el Organismo Internacional de Energía Atómica. Pero Irán también tiene sus armas. Apoyado por Rusia y China cuenta también con el respaldo de ciertos exmuyahidienes afganos y de grupos regionales chiíes que pueden perjudicar los intereses occidentales. Entre ellos, la milicia Mehdi de Moqtada al Sadr en Irak.

Paradójicamente, al eliminar a dos enemigos de Irán, Sadam Hussein en Irak y los talibanes en Afganistán, Estados Unidos ha contribuido a aumentar la potencia regional del país.

Y la Primavera Árabe, con excepción del caso de Siria, no ha resultado tan perjudicial para los intereses del régimen de Teherán. Cuando la revuelta estaba en su apogeo, los buques de guerra iraníes atravesaron el Canal de Suez hacia el Mediterráneo por primera vez desde la revolución islámica, una maniobra simbólica que habría sido imposible durante la era Mubarak.

Otra ventaja del Irán chií es que constituye un tampón natural contra la expansión hacia occidente de los extremistas wahabitas pakistaníes y afganos.

Atacar al geoestratégicamente crucial Irán podría suponer abrir la puerta a enemigos jurados de Irán pero también de Occidente: Al Qaeda y los talibanes.

Pero ¿son esos ataques materialmente posibles?

Para alcanzar las instalaciones nucleares iraníes, la mejor opción de Tel Aviv parece la vía aérea, utilizando los misíles de medio alcance Jericho-3 y los antibunker.

Pero en esta ocasión, el Tsahal tiene que atacar varios objetivos en diferentes puntos del país, al contrario que en 1981, cuando bombardeó la central iraquí de Osirak o más recientemente, la de Deir-ez-zor en Siria hace seis años.

Un ataque israelí sólo conseguiría retrasar el programa nuclear y presumiblemente, desencadenar una respuesta iraní. Para muchos analistas sería la chispa que activaría la maquinaria de guerra de Hamas y de Hizbulá contra Israel y deteriorar más aún la calamitosa evolución del proceso de paz palestino israelí.

Los cibertaques contra las plantas de enriquecimiento de Uranio en Irán y el asesinato de 4 científicos nucleares iraníes que Teherán atribuye al Mossad han envenenado más las cosas sin que Irán ceda ni un ápice sobre su programa nuclear. Al contrario: si el conflicto se agrava, la población podría unirse con el régimen contra el enemigo común lo que intensificaría la vuelta de tuerca del poder contra los reformistas. Los especialistas coinciden en que sería el paso definitivo para hacer de irán un Estado nuclear.

Y todo ello, en unos momentos en que las sanciones aprietan más que nunca. Bajo la presión de Estados Unidos, la UE ha cortado el 20% de sus importaciones de crudo procedentes de Irán. Además, otros grandes compradores como China, India y Corea del Sur han reducido las suyas en un 45%, lo que se traduce para Teherán en una pérdida mensual de 5 mil millones de dólares.

Por si fuera poco, miles de millones de dólares del país están bloqueados en bancos de todo el mundo. Irán tiene cada vez menos medios para contrarestar las nuevas y paralizantes sanciones que la población soporta con cada vez más dificultad.

Masud Imani:
“Pese a la superioridad de Estados Unidos y de sus aliados, la opción militar parece demasiado costosa, tanto para Irán como para Occidente. Lo más probables es que el nuevo presidente opte por la única opción aparte de la armada: el compromiso. Falta por establecer quién tomará la decisión final, el Gobierno, el Guía Supremo o el pueblo.”