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Turquía: la protesta no muere, cambia de naturaleza

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Turquía: la protesta no muere, cambia de naturaleza

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La naturaleza de las protestas ha cambiado en Turquía. Tras tres semanas de enfrentamientos, los lugares simbólicos de las manifestaciones han sido desalojados, y el silencio reina en la calle, pero es un silencio engañoso: el deseo de democracia sigue ahí, aunque ahora se manifieste de otra forma.

“La gente, dice este residente en Estambul, solo reclama su libertad. la libertad es el bien más preciado para un hombre. Si alguien no tiene libertad, significa que no tiene dignidad”

El movimiento de protesta que partió de un puñado de militantes ecologistas el pasado 31 de mayo cobró en pocos días una enorme amplitud, al igual que la represión policial. Cientos de detenciones, miles de heridos, prohibición de manifestarse, arrestos arbitrarios.

El jefe del Gobierno turco ha gestionado la crisis, que se ha transformado rápidamente en una protesta en su contra, alternando firmeza, provocación y conciliación para volver finalmente a la mano dura.

Unos bandazos que según este analista político han costado a Recep Tayip Erdogan una parte de su capital político.

Dogu Ergil. Analista político:

“La popularidad de Erdogan no ha cambiado gran cosa, aunque tal vez se haya visto un poco mermada. No como para poner en tela de juicio la legitimidad de su liderato, pero si la forma en la que su Gobierno gestiona las crisis. Yo creo que la sociedad turca, o al menos una parte de ella está mostrando claramente que no quiere un “gran Hermano” en el poder”

Los sondeos indican que si hubiera elecciones ahora, el gubernamental AKP volvería a ganar, pero esta crisis le ha costado parte de la credibilidad que tenía. Y aunque la mitad del país respalde a Erdogan, entre muchos de sus seguidores la decepción es visible.

“Hace 10 años, dice este hombre, las calles de todas las ciudades del país estaban llenas de basura. Turquía no estaba lo suficientemente desarrollada. Ahora estamos mucho mejor y hemos avanzado tanto internacional como localmente gracias a nuestra economía y a nuestras relaciones internacionales.”

“Estos días, denuncia esta residente en Estambul, he tenido que sortear los gases lacrimógenos para ir al trabajo. No nos merecemos esto. Votamos por él, pero si me pregunta ahora si creo que merece estar donde está, le diría que no, que no lo merece.”

Escaldado por las críticas a su gestión de las manifestaciones, el Gobierno parmanece más perplejo que activo ante la nueva forma de resistencia pacífica en Turquía, conocida como “hombre de pie”.