Última hora

Última hora

Brasil pide más servicios públicos y menos fútbol

Leyendo ahora:

Brasil pide más servicios públicos y menos fútbol

Tamaño de texto Aa Aa

Sorprendente que en el país del fútbol, la organización del mundial cristalice el descontento. Sin embargo, aunque los brasileños defienden a muerte sus colores, a un año de la Copa del Mundo tienen otras prioridades y no digieren lo que costará organizar el acontecimiento, sobre todo porque no tienen garantizado lo esencial, como denuncian con estas pancartas.

“Los precios de todo son abusivos, afirma este joven. Pagamos muchos impuestos, y también hay problemas en la sanidad, en los hospitales. Es muy serio”

“Con un salario mínimo, se lamenta esta mujer, no hay quien pague los transportes, los hospitales, las guarderías, los colegios”

Todo partió del aumento del precio de los billetes de autobús, un 7% de subida en Sao Paolo. El malestar y el descontento son aún mayores cuando se sabe cuánto costará poner al día las infraestructuras de cara al mundial.

Se calcula que el coste de la Copa del Mundo es de 11 mil millones de euros, aunque la cifra aumentará de aquí a 2014.
Eso representa 57 euros por persona. El Estado ha recortado en más de 10 mil millones el presupuesto de 2013, pero asegura que no ha tocado las partidas destinadas a las prioridades, es decir, esos recortes, no deberían afectar ni a la educación, ni a la sanidad, ni al alojamiento, que son los principales problemas de los brasileños en su vida cotidiana.

Aunque en los últimos años muchos han conseguido salir de la pobreza, la situación sigue siendo difícil para las clases medias y para los más desfavorecidos. La asistencia médica es cara, los hospitales públicos están saturados y el número de escuelas es insuficiente.

El paro sigue estando controlado, pero el salario mínimo no excede los 244 euros, 210 euros menos que el salario medio. El crecimiento es mucho más débil que en otros países emergentes, sobre todo en Asia, y la inflación sigue disparada.

Lo que reclaman ahora los manifestantes, principalmente jóvenes instruidos, son los frutos del crecimiento.
Muchos tienen la impresión de no tocar los dividendos de una economía emergente, y también de que no verán ni un céntimo de los miles de millones de ingresos prometidos tras el mundial de fútbol.