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Mursi: un año de presidencia en un campo minado

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Mursi: un año de presidencia en un campo minado

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Ganador de las presidenciales con el 51,73% de los apoyos, Mohamed Mursi presta juramento el 30 de junio de 2012. Es el primer jefe de Estado egipcio elegido en unos comicios libres, el primer islamista y civil que preside este país de 83 millones y medio de habitantes.

Mursi prometió a sus compatriotas que sería el presidente de todos, un año después, reconoce que la división del país ha llegado hasta tal punto que podría amenazar la democracia, paralizar el país y provocar el caos.

Sus seguidores, que siguen siendo numerosos, destacan la legitimidad adquirida en las urnas por el exdirigente de la poderosa cofradía de los Hermanos Musulmanes y culpan de los graves problemas que tiene el país a la nefasta herencia que ha dejado a la Administración Mursi el régimen de Mubarak.

Pero en las paredes del Cairo lo que se ve son caricaturas de Mursi, representado como un pulpo o como astuto apparatchik islamista colocando sus peones en todos los engranajes del país.

Otros le ven como una marioneta, como el hombre de paja de la oficina política de los Hermanos Musulmanes y no se privan de burlarse del presidente en la televisión, como el humorista más famoso de Egipto, Bassem Youssef, en su popular programa.

En diciembre de 2012, la Constitución defendida por los islamistas en el poder es aprobada con cerca del 64% de los apoyos tras un referéndum salpicado de irregularidades según la oposición.

Los laicos, por su parte, denuncian la consagración de la Charia como fuente de derecho en la nueva Constitución.

Ghada Shahbandar. Miembro de la , board member of the Egyptian Organisation for Human Rights:
“Estamos inquietos por la libertad y por los derechos de todos los egipcios ya sean mujeres, niños jóvenes o adultos, nubios, beduinos del Sinai, musulmanes o cristianos. Esta Constitución no protege los derechos de todos los egipcios”

La violencia interreligiosa no ha cesado durante el mandato de Mursi. En abril de 2013, cuatro coptos y un musulmán fueron asesinados en enfrentamientos en el norte del Cairo. Dos días más tarde, durante los funerales, estallaron nuevos enfrentamientos.

La semana pasada en Luxor se produjo otro hecho que muestra la división extrema en el país. El nombramiento como gobernador de un antiguo miembro de la Yamá Islamiya, el grupo acusado de asesinar a 58 turistas en Luxor, en 1997, desató nuevos enfrentamientos. La presión popular llevó al gobernador nombrado por Mursi a dimitir.