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Ojo volante

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Este helicóptero vuela impulsado por cuatro rotores. Se ha desarrollado dentro de un proyecto europeo de robótica en el que los cientifícos trabajan para dotar de mayor inteligencia a estos aparatos y desarrollar más y mejor sus funciones.

“Aquí está el cerebro. Ahí tenemos los sensores y las hélices. Los datos de los sensores llegan al cerebro, que calcula el error en tiempo real y controla las hélices para corregirlo”, dice Costas Alexis, investigador del Autonomous Systems Lab, ETH en Zúrich, Suiza.

Este modelo incluye cámaras de vídeo para controlar el espacio por el que vuela. Así evita los obstáculos y puede volver a encontrar el camino si se desvía, como explica Janosch Nikolic, que también trabaja como investigador en el mismo centro: “El vehículo puede por sí mismo saber dónde está, la velocidad que lleva o cómo es el entorno en donde se encuentra. Para eso tiene dos cámaras en el centro y luces muy potentes. También hay una unidad que mide la velocidad angular y la aceleración. El vehículo puede saber exacamente dónde está y puede volver a su sitio aunque yo lo empuje”.

Un robot de estas características puede ayudar a los humanos a tareas que pueden resultar monótonas o incluso arriesgadas, como por ejemplo la inspección de paredes o tuberías de grandes fábricas.

“Actualmente para inspeccionar una fábrica, se tiene que cerrar y hay que enviar personal para que lo haga manualmente. Eso requiere mucho tiempo y puede ser peligroso. Hay gente que ha perdido la vida mientras hacía estas inspecciones. Así que lo que queremos hacer es mandar helicópteros que harán un reconocimiento visual y nos darán un modelo de la caldera en tres dimensiones. Después ya se podrán inspeccionar de manera específica algunos elementos”, asegura Janosch Nikolic, investigador del mismo centro.

El diseño de estos artefactos puede modificarse para que puedan recoger objetos pequeños o utilizar sensores de ultrasonidos para ver qué hay en el interior de las paredes. Sus funciones automáticas son sencillas de entender y la persona que lo maneja no necesita muchos conocimeintos para aprender a controlar la máquina, según dice Roberto Naldi, profesor de la Universidad de Bolonia: “Es muy fácil de utilizar. No se necesita saber cómo manejarlo. Solo aprentando los botones ya gira a la derecha o a la izquierda, sube o baja. Sus controles automáticos hacen que alguien que no sea un experto pueda utilizarlo. ¡Es casi como video juego!”.

“Los principales retos son de dos tipos: uno, desarrollar toda una serie de tecnología para la navegación autónoma en ambientes que no se conocen a priori. Se necesita reconstruir el ambiente con la información de los sensores que lleva. Y el segundo reto es que estos sistemas se puedan manejar no solo con control automático en vuelo libre, sino también que puedan tener contacto físico con elementos del ambiente”, explica Lorenzo Marconi, profesor de la Universidad de Bolonia y coodinador del proyecto Airobots

En los próximos años estas máquinas podrán ser capaces de realizar muchas tareas de manera rápida y sencilla, abriendo una nueva dimensión a la automatización industrial.