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Ergenekon, un caso que divide que a la población turca

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Ergenekon, un caso que divide que a la población turca

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Es uno de los asuntos más complejos y controvertidos de la historia de Turquía. Tras cinco años de procedimiento se ha convertido en un símbolo de la lucha entre el Gobierno islamista y conservador de Recep Tayyip Erdogan y las élites laicas del país.

El caso Ergenekon, nombre de un valle mítico de Asia Central donde se supone el origen del pueblo turco, empezó en 2007 con el descubrimiento de un arsenal ilegal de armas en Estambul.

Esa fue la primera etapa de una larga investigación que ha llevado a la redacción de 23 actas de acusación de miles de páginas. Todas ellas agrupadas en un mismo procedimiento judicial.

En julio de 2008, el fiscal general justifica las decenas de detenciones y explica las acusaciones.

“Hay un total de 86 sospechosos, 48 de ellos están detenidos. Se les acusa de varios delitos, desde la dirección, organización y colaboración con grupo terrorista, pertenencia a banda armada y conspiración para hacer caer el Gobierno por la fuerza”, declaraba el fiscal Aykut Cenzig Engin.

Tras las acusaciones, llegan más detenciones y más condenas. Entre los acusados hay generales, periodistas y varios altos funcionarios. El juicio empieza en octubre de 2008.

Entre los acusados está el que fuera jefe de Estado Mayor, el general Ilker Basbug, que dirigió el Ejército turco entre el 2008 y 2010. Basbug niega todos los cargos y se declara inocente pero ahora se enfrenta a la cadena perpetua.

Otros dos procesados, el doctor Mehmet Haberal y el periodista Mustafa Balbay fueron elegidos diputados del principal partido de la oposición en 2011 mientras estaban detenidos.

Después de Ergenekon se han abierto otros procesos contra varios grupos de supuestos conspiradores como el Kafes, que planeaba, según el acta de acusación, atentados contra miembros de las minorías cristianas, o el caso Balyoz que tenía por único objetivo el Ejército.

El primer caso en conocer un veredicto fue este último. Unas condenas muy duras que en septiembre pusieron entre rejas a unos 300 oficiales con penas de entre 16 y 20 años de cárcel. Sin duda un duro golpe al prestigio del Ejército turco.

Justo antes y durante el juicio, el clima de tensión obligó a los jueces a posponer las audiencias en varias ocasiones. El último de esos aplazamientos ocurrió en abril. Los manifestantes se enfrentaron a la policía, que respondió y disolvió a los activistas con cañones de agua y gases lacrimógenos.