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Mali: los retos de la transición

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Mali: los retos de la transición

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Liderar la reconciliación en Mali es el objetivo declarado de Ibrahim Boubakar Keïta.

El presidente electo es un rostro muy conocido del panorama político nacional. Antes de acceder a la jefatura del Estado, dirigió varios ministerios en Gobiernos precedentes y ocupó el puesto de primer ministro de 1994 a 2000.

Con reputación de inflexible, a Keita, de 68 años, le aguarda la difícil tarea de reconciliar un país traumatizado y debilitado por 18 meses de profunda crisis política y militar, la más grave de su historia reciente.

El 22 de marzo de 2012, un golpe de Estado apea de la presidencia a Amadou Toumani Touré. Los militares golpistas acusan al régimen de incompetentcia absoluta en la lucha contra los grupos islamistas y la rebelión tuareg en el norte.

Los rebeldes tuareg del Movimiento Nacional de Liberación de Azawad (MNLA) y las milicias islamistas aprovechan el golpe para afianzar sus posiciones.

A finales de junio, los islamistas asociados con Al Qaeda se desvinculan de los tuareg y aseguran tener el control total del norte de Mali. La pesadilla comienza para la población local, sometida a numerosas vejaciones.

En enero, Francia lanza la operación Serval para frenar el avance de los islamistas. Con la cooperación del Ejército maliense y de otros Ejércitos africanos, los soldados franceses consiguen expulsar a parte de los grupos yihadistas del norte del país en menos de un mes. Pero aún hay células activas que siguen representando una amenaza.

No es el único reto que tiene pendiente Keita. En un futuro inmediato tendrá que dirigir las negociaciones de paz con los rebeldes tuaregs del MNLA. El pasado junio, estos últimos firmaron en Burkina Faso un acuerdo con el Gobierno maliense de cara a las presidenciales. El acuerdo fijaba la apertura de conversaciones de paz en un plazo de 60 días tras la puesta en marcha del nuevo Gobierno.

Para ayudar al nuevo presidente a liderar la transición que se presenta difícil en un país sumido en la mayor crisis de su historia y con medio millón de desplazados, la comunidad internacional ha prometido al país una ayuda de 3.200 millones de euros.