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El dilema de liberar a Mubarak

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El dilema de liberar a Mubarak

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Febrero de 2011, los egipcios se rebelan. Las calles se inflaman contra Mubarak y la población reclama el fin del regimen establecido. El rais lleva 29 años en el poder, gobernando el país con mano de hierro, y se dispone a darle el relevo a su hijo. La revuelta estalla en enero y dejará 850 víctimas. Mubarak aguanta diecisiete días interminables antes de claudicar.

“Delego las responsabilidades del presidente en la figura del vicepresidente”, decía entonces. “Sé que Egipto superará esta crisis y que sus deseos serán atendidos. Que Dios guarde a Egipto y bendiga a su pueblo. Que la paz sea con vosotros”, concluía.

Las calles estallan de júbilo, tanto en El Cairo como en el resto del país. La revolución ha prosperado y los egipcios piden que Mubarak sea juzgado. Las manifestaciones se suceden hasta el mes de abril, fecha de su imputación. Pero por motivos de salud el proceso se retrasa.

En agosto, el rais depuesto reaparece postrado en una cama, debilitado y visiblemente más delgado para negar todos los cargos que pesan en su contra. Se le acusa de corrupción y se le responsabiliza de la muerte de civiles durante la revolución. Su hijo no se separa de su lado. La camilla también acompaña al ex-mandatario en cada aparición pública que éste hace.

El dos de junio de 2012, los jueces emiten su veredicto. Mubarak y su ex-ministro del Interior son condenados a prisión a perpetuidad por la muerte de manifestantes. El líder derrocado tiene ochenta y cuatro años y tras conocer la sentencia sufre un ataque cerebral. Pasa varios días entre la vida y la muerte, conectado a un pulmón artificial. Frente al hospital, sus fieles rezan por su pronta recuperación.

Finalmente, la salud del rais se restablece y la apelación que sus abogados presentaron un año antes desemboca en un nuevo proceso que podría devolverle la libertad. Sus partidarios sueñan incluso con la vuelta del antiguo regimen aunque saben que los nuevos dirigentes pueden mantener a Mubarak en prisión relanzando alguna de las otras causas que éste aún tiene pendientes. Pero por otro lado, son conscientes de que la represión de Al-Sisi ha superado en sólo cinco días el número de vícitmas que se le atribuyen a Mubarak durante la primera revolución.