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Esos asesinos tan simpáticos: The Act of Killing

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Esos asesinos tan simpáticos: The Act of Killing

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La masacre de la izquierda indonesia en 1965 ha quedado arrinconada entre los muebles viejos de la Guerra Fría.

Verdugos y torturadores tan confesos como afables, familiares y sonrientes muestran lo que hicieron sin el menor complejo. Se prestan a actuar y a recordar. Detallan tantas veces como sea necesario cómo mataron y los inconvenientes y ventajas de cada método que usaron.

El retrato del documental del texano Joshua Oppenheimer The Act of Killing demuestra que la impunidad está garantizada en Indonesia por un presente político cómplice.

En 1965, entre medio millón y dos millones y medio de personas que el regimen militar consideró de izquierda fueron asesinadas. Todo Occidente se mantuvo en silencio.

El director de la película explica: “Para mí, el problema fue cuando me metí en la historia. No se trataba de hacer un documental educativo para adultos sobre un genocidio que de hecho a nadie le importa, al contrario, yo estaba en un lugar en donde los asesinos todavía están en el poder. Era como si estuviera en Alemania 40 años después del Holocausto y los nazis estuvieran todavía en el poder. La familia de mi padre proviene de Alemania, unos de Frankfurt, otros de Berlín. Los padres de mi madrastra eran de Viena. Huyeron. Los miembros de mi familia no pudieron. Hubo mucha gente de la familia de mi madrastra en particular que fue asesinada. Creo que he crecido interiormente porque el objetivo de toda política, el objetivo de toda moral, y tal vez incluso el objetivo de toda cultura es evitar que cosas como estas vuelvan a suceder. Y el mantra o el lema de “nunca más” puede demasiado fácilmente reducirse a “nunca más contra nosotros”.

La campaña de exterminio fue dirigida por el gobierno golpista del general Ahmed Sukarno. Mantuvo una dictadura despiadada durante 32 años. Todavía hoy los verdugos son vitoreados como héroes. En Indonesia no ha habido ni comisión de la verdad ni tribunales, ni política de reconciliación alguna.

Esta película, producida por Werner Herzog y Errol Moris, rodada durante más de 7 años ha catalizado los primeros y tardíos debates.